Nahum 1:2-7
2Jehová es Dios celoso y vengador; Jehová es vengador y lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos. 3Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable. Jehová marcha en la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus pies. 4El amenaza al mar, y lo hace secar, y agosta todos los ríos; Basán fue destruido, y el Carmelo, y la flor del Líbano fue destruida. 5Los montes tiemblan delante de él, y los collados se derriten; la tierra se conmueve a su presencia, y el mundo, y todos los que en él habitan. 6¿Quién permanecerá delante de su ira? ¿y quién quedará en pie en el ardor de su enojo? Su ira se derrama como fuego, y por él se hienden las peñas. 7Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían.
Nahum 1:2-7
Pastor Jose Juarez
Notas de sermón:
La Palabra de Dios habla tanto del amor como de la ira divina. No es difícil ver que el amor es un atributo divino (1 Juan. 4:8, 16). Pero las Escrituras hablan con igual claridad de la manifestación de la ira de Dios como en el diluvio, la destrucción de Sodoma y Gomorra, el exilio de Israel y el infierno (2 R 22:13; Juan 3:36, etc.). Pablo dice que la ira de Dios se revela constantemente en el mundo (Romanos 1:18). Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad;
Así que, si el amor de Dios es una realidad, su ira también lo es.
La mayoría de hermanos que evangelizan, casi de una forma deliberada, evita el tema de la ira. Hablamos del amor, y hablamos de la felicidad, y hablamos de la vida abundante, y hablamos del perdón, y hablamos de gozo, hablamos de paz, y le ofrecemos a la gente todas esas cosas, y les preguntamos si no les gustaría tener todas esas cosas, pero realmente rara vez hablamos de juicio. Y me pregunto si en todas las ocasiones en las que usted ha presentado el evangelio a alguien, cuántas veces usted lo presentó al decir: “Por cierto, ¿sabías que la ira de Dios se revela contra tu impiedad?”
Lo más probable es que la gente va a aprender del amor, conociendo la ira de Dios. ¿Cómo es que pueden entender algo de la gracia, si no entienden algo de Su ley? ¿Cómo pueden entender el perdón, si no entienden la paga del pecado? Los hombres no pueden entender, no pueden buscar la gracia y la salvación, a menos de que sean afectados por el terror de la ira de Dios que está sobre ellos, a menos que los hombres perciban que están en un peligro serio, no hay presión aplicada a ellos para cambiar.
El Libro de Nahum narra la profecía del profeta sobre la inminente destrucción de Nínive. Nínive era la capital del reino de Asiria. Esta ciudad ya había recibido una amonestación de parte del profeta Jonás 150 años antes, el resultado de una predicación a fuerzas de Jonás logró que todo el país se arrepintiese, pero esa actitud pudo haber sido un remordimiento y no un verdadero arrepentimiento, los ninivitas no fueron sinceros, su actitud no duró mucho, volvieron a ser culpables de los mismos pecados de los cuales ya se habían arrepentido.
En el tiempo de Jonás, Dios era conocido como un Rey misericordioso y tardo piara la ira (Jonás 4:2). Nahum lo retrató como tardo para la ira (versículo 3), pero igualmente como un Dios celoso que no absolverá al culpable. Su ira no es ejecutada rápidamente, pero cuando la gente repetidamente pisotea su misericordia, entonces será castigada. Es interesante ver que mientras el profeta Jonás predicó el arrepentimiento sobre Nínive, en cambio Nahum describe acerca de su destrucción por haberse olvidado de humillarse ante Dios. El juicio de Dios se representa por las fuerzas desatadas de la naturaleza que cumplen su propósito (Nahum 1:3-5). Dios utiliza a Asiria para disciplinar a su pueblo, pero más tarde castiga la soberbia de Asiria. La antigua capital de Asiria fue destruida por la inundación del Tigris y muestra a los vencedores arrojándose sobre sus despojos hasta quedar en ruinas (Nahum 3:7) Nínive conoció al Dios que nosotros no quisiéramos conocer. Nínive era el centro del comercio mundial, de una vasta extensión territorial, pero como cosa curiosa su riqueza no provenía del comercio; sino que, de su deshonestidad, era una “ciudad sanguinaria”, llena de mentira y rapiña. Nínive era saqueadora de las naciones desprotegidas (2:12-13, 3:1) Muchos de nosotros ahora estamos siendo comparados con la vida que llevamos parecida a la de Nínive, nos parece que nunca enfrentaremos a Dios cara a cara. Hemos cometido muchos pecados y Dios no hace nada. Pero eso es lo que el pecador piensa, Nínive pensó lo mismo y 20 años después de la profecía de Nahúm la destrucción se cumplió.
Nínive conoció al Dios que nosotros no vamos a conocer!
Nínive conoció al Dios que usted no quiere conocer!
1.- Este es el Dios que no quisiéramos conocer.
Nahum 1:2, 6 Jehová es Dios celoso y vengador; Jehová es vengador y lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos. 6¿Quién permanecerá delante de su ira? ¿y quién quedará en pie en el ardor de su enojo? Su ira se derrama como fuego, y por él se hienden las peñas.
Aunque el Señor Jesucristo habló de amar a los enemigos (Mat 5:43-48), advirtió fuertemente acerca del ineludible juicio (Mat 5:21, Mat 5:29, Mat 5:30; Mat 7:13, Mat 7:23). Él dijo que: «Todos los que tomen espada, a espada perecerán» (Mat 26:52). Las palabras de Jesús respecto a la inevitable destrucción de aquellos que se adhieren a la violencia tienen una aplicación directa en Nínive.
La ira de Dios es la desaprobación de todo lo que se opone a sus designios, a su majestad y su perfección moral. Pero Dios no es en sí un Dios de ira. La finalidad de la ira de Dios es su Gloria, el castigo del pecado, y que Israel se arrepienta. Su ira se manifiesta en la naturaleza, en la guerra. Para el Apóstol Pablo la ira es presente y futura (Romanos 2:5,8) 5 Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, 8 pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia;
La ira divina es el castigo de un Dios justo a las transgresiones del impío a su ley divina. La ira de Dios la vemos en catástrofes naturales como una llamada de atención para que busquemos al Señor y no a los ídolos materiales y humanos. La ira de Dios es santa y siempre justificada; la del hombre nunca es santa y rara vez justificada. La ira de Dios contra el pecado y la desobediencia es perfectamente justificada porque su plan para la humanidad es santo y perfecto, así como Dios mismo es santo y perfecto. Dios proporcionó un camino para ganar el favor divino, el arrepentimiento; el cual aleja la ira de Dios sobre el pecador. Rechazar ese plan perfecto es rechazar el amor, la misericordia, la gracia y el favor de Dios e incurrir en su justa ira. En el Nuevo Testamento, las enseñanzas de Jesús apoyan el concepto de Dios como un Dios de ira que juzga el pecado. La historia del hombre rico y Lázaro, habla del juicio de Dios y las serias consecuencias para el pecador no arrepentido (Lucas 16:19-31). Jesús dijo en Juan 3:36 que, “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.” El que cree en el Hijo de Dios no sufrirá la ira de Dios por su pecado, porque el Hijo llevó en Él la ira de Dios cuando murió en la cruz en nuestro lugar (Romanos 5:6-11). Aquellos que no creen en el Hijo, quienes no lo reciben como Salvador, serán juzgados en el día de la ira (Romanos 2:5-6). Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras:
Dios es celoso, vengador, indignado, airado,
Guarda enojo para con sus enemigos
Su ira nadie la puede contener.
2.- Este es El Dios que conocemos
3 Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable. Jehová marcha en la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus pies. 7 Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían. Nahum 1:3,7
Tardo para la ira: JEHOVÁ ES TARDO PARA LA IRA. Dios desea darles tiempo a los pecadores para que se arrepientan (2Pedro 3:9), 9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. Dios es mucho más paciente que el hombre. Aunque sí hay un tiempo y lugar donde él si demuestra Su ira, no llega rápidamente o de manera caprichosa.
Pero hay un límite a su bondad y paciencia. Los que persisten en la iniquidad finalmente sufrirán su ira (Romanos 11:22). 22Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. La conversión verdadera el creer en Cristo afecta a todo nuestro ser. No hay verdadera conversión si no es una con todo nuestro corazón. Cuando nos rendimos total y absolutamente a Dios para salvación y vida. No es un cambio producido solo por ver la ira de Dios, cuando Dios visite con su ira a las naciones que han perseguido a Israel. Dios revela que su ira se derramará incluso sobre su pueblo no convertido verdaderamente. Ese día es un día terrible. Mira cómo es descrito por Joel y otros profetas. Joel 2:2 “Día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de sombra”. V. 11 “grande es el día de Jehová, y muy terrible; ¿quién podrá soportarlo?” Sofonías 1:15 “Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento,” Amós 5:18 “¡Ay de los que desean el día de Jehová! ¿Para qué queréis este día de Jehová? Será de tinieblas, y no de luz;” Dios juzgará a todos los seres humanos. Y todos los que no se hayan convertido a Jesús serán destruidos. Y como esto es cierto Joel dice: Joel 2:11-12 “porque grande es el día de Jehová, y muy terrible; ¿quién podrá soportarlo? 12 Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento.” Todo el mundo sabe que hay un infierno. Y como es tan terrible nadie quiere hablar de eso. Y muchos cambian su forma de ser y comportarse porque no quieren ir al infierno. Pero eso no es una genuina conversión. No es un cambio producido por ver la ira de Dios meramente y así evitar el castigo. El Señor quiere todo nuestro corazón significa todo nuestro ser: nuestra mente, nuestra voluntad, nuestras emociones, nuestros valores, nuestra forma de ver la vida, la esencia de nuestro ser, de lo más profundo de nuestro ser y que nos define lo que somos. Es un cambio total de vida. Tan es así que es llamado en la Escritura “un pasar de muerte o vida”. Es un pasar “del reino de Satanás al reino del Señor Jesucristo”. Ahora Él es mi Señor y Dueño y yo le pertenezco a Él en cuerpo y alma. La verdadera conversión conlleva un apartarse del pecado. 1 Juan 3:9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. Una vida que no se aparte del pecado no ha conocido a Dios verdaderamente.
El no creyente no tiene a Dios como su Dios. Podrá profesar su fe en Dios, podrá hacerse miembro de la iglesia, incluso podrá ser bautizado, pero Dios no reina supremo en su vida. En cambio, en la conversión verdadera el creyente escogerá Dios como su Dios. Ahora Dios es lo más importante en su vida. Y todas las cosas giran alrededor de Dios. Procura con plena resolución de vivir para El y solo para Él. Como dice el Salmo 73:25-26 “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. 26 Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.”
La decisión es suya de conocer al Dios que más le convenga… Rechazarlo puede costarle la vida. y vivir una vida de miseria. Si cualquiera de nosotros es condenado, no podrá echarle la culpa a nadie, excepto a nosotros mismos. Volveos, volveos de vuestros malos caminos, Clamen a Dios pidiendo misericordia. Que ahora sea el preciso momento en que sean salvos. La ira de Dios es algo temible y aterrador. Sólo aquellos que han estado cubiertos por la sangre de Cristo, derramada por nosotros en la cruz, pueden estar seguros de que la ira de Dios nunca caerá sobre ellos. “Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.” (Romanos 5:9).
Aceptar a Cristo en su corazón representa, recibir
el perdón de sus pecados, garantía de la vida
eterna y vivir una vida en abundancia. Acepte a Cristo como su Salvador eterno.
