Sunday Morning Service

Sermón de la Mañana #179 | EL TIEMPO DE DIOS



44 Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. 45 Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; 46 y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; 47 y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. 48 Y vosotros sois testigos de estas cosas. 49 He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto. 50 Y los sacó fuera hasta Betania, y alzando sus manos, los bendijo. 51 Y aconteció que bendiciéndolos, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo. 52 Ellos, después de haberle adorado, volvieron a Jerusalén con gran gozo; 53 y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios. Amén.

Lucas 24:44-53

Pastor Jose Juarez

Notas de sermón: 

Sermons.com describe el tiempo que vivimos así: En nuestra sociedad contemporánea en la que la información se encuentra inmediatamente al alcance de nuestra mano o incluso a nuestro comando de voz y podemos comunicar instantáneamente nuestros deseos de diversas maneras, los humanos nos hemos vuelto cada vez más… impacientes. Esto conduce rápidamente a la frustración de que nuestras necesidades y deseos no están siendo satisfechos. La impaciencia causa estrés, a menudo haciéndonos sentir más… impaciente.

¿Cómo rompemos este ciclo poco saludable? Y no es saludable. El estrés causado por la impaciencia puede causar una variedad de síntomas emocionales, mentales y físicos, como irritabilidad, ira prolongada, angustia emocional, desencadenantes poco saludables, brotes e incluso problemas cardiovasculares, sin mencionar los problemas de comportamiento hacia los demás.

¿Toca la bocina si el conductor que va delante de usted tarda más de un segundo en ponerse en marcha? ¿Sientes que se te sube la sangre cuando haces una larga cola en un restaurante o en una cafetería? ¿Replica en voz baja cuando su médico llega tarde? ¿Te sientes injustamente menospreciado cuando una película u obra de teatro comienza con 10 minutos de retraso? ¿Levantas las manos con ira si tu computadora comienza a actualizarse justo en medio de tu ensayo? Estas son algunas de las formas más leves de frustración que muchos sienten en su vida diaria debido a la impaciencia. Pero se avecinan otros más grandes. ¿Evitas invertir en amistades profundas u otro tipo de relaciones, debido al tiempo que puede llevar cultivarlas? ¿Abandonas con frecuencia las nuevas empresas porque tardas un tiempo en recibir los resultados deseados? ¿Descuidas cultivar el tiempo con Dios en tu día, porque el tiempo que dedicas a la meditación silenciosa impide tu capacidad de apresurarte hacia tu próxima gran cosa?

Como seres humanos del siglo XXI, sentimos que se nos debe una gratificación inmediata. Pero a veces la espera marca la diferencia entre la vida y la muerte.

Algunas veces nos ponemos no sólo a pensar, sino también a hablar del tiempo. No sólo nos referimos al rango cronológico (horas, días, meses, etc.). El concepto general es que estamos viviendo tiempos difíciles. Veamos algunas conductas del momento, como las condiciones climáticas, la situación social que no se estabiliza, y la inseguridad ciudadana, la migración, entre muchas otras situaciones.

Este pasaje de Lucas comienza con una referencia de Jesús a lo que estaba escrito acerca de él “en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos” (v. 44). En todos esos textos se advierte una característica mesiánica. Jesús, ya “resucitado” sobre quien ya no tiene más autoridad la muerte, les recuerda a sus discípulos que él mismo es la muestra del cumplimiento de tales Escrituras (v.44). La acción de abrirles “el entendimiento para que comprendieran las Escrituras” (v.45), inmediatamente Jesús les reitera a sus discípulos la promesa de que serán “investidos de poder desde lo alto” (v. 49), es decir, por parte del Espíritu Santo en Pentecostés. Finalmente, se produce el “hasta luego” (v. 51).

1.       Jesús tenía que sufrir.  vv. 46-47

Las Escrituras habían anticipado mucho tiempo atrás el surgimiento del Mesías como ofrenda sacrificial y expiatoria. Dicho de otro modo, lo que garantiza que hasta nuestros días siga siendo predicado el “mensaje del arrepentimiento y el perdón de los pecados” es el padecimiento y posterior resurrección de Jesucristo.

Isaías 52:14 declara, “Cómo se asombraron de Ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres Su parecer, y Su hermosura más que la de los hijos de los hombres”. Jesús sufrió terriblemente a través de todas Sus pruebas, tortura y crucifixión (Mateo capítulo 27; Marcos capítulo 15; Lucas capítulo 23; Juan capítulo 19). Su sufrimiento fue emocional: «Todos los discípulos, dejándole, huyeron» (Mateo 26:56). Su sufrimiento era espiritual: 2 Corintios 5:21 dice, “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él”. Jesús cargó el peso de los pecados de toda la humanidad sobre Él (1 Juan 2:2). Fue el pecado el que causó que Jesús clamara, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46). El sufrimiento físico  de Jesús se aumentó al tener que cargar con la culpabilidad de nuestros pecados y morir para pagar nuestro castigo (Romanos 5:8). Got question?

Isaías capítulo 53, especialmente los versos 3 y 5 predicen el sufrimiento de Jesús, “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos… Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por Su llaga fuimos nosotros curados”. Este pasaje especifica la razón del sufrimiento de Jesús: «por nuestras transgresiones», por nuestra sanidad y para traernos la paz.

Jesús les dijo a Sus discípulos que su sufrimiento era cierto: «Es necesario que el Hijo del Hombre padezca muchas cosas, y sea desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día» (Lucas 9:22; cf. 17:25). Observen la palabra «necesario»: Es necesario que padezca, es necesario que lo maten. El sufrimiento de Cristo fue el plan de Dios para la salvación del mundo. El Salmo 22:14-18 es otro poderoso pasaje que predice los sufrimientos del Mesías, “He sido derramado como aguas, y todos mis huesos se descoyuntaron; mi corazón fue como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas. Como un tiesto se secó mi vigor, y mi lengua se pegó a mi paladar, y me has puesto en el polvo de la muerte. Porque perros me han rodeado; me ha cercado cuadrilla de malignos; horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; entre tanto, ellos me miran y me observan. Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes”. En el tiempo de Dios, para que ésta y otras profecías se cumplieran, Jesús tuvo que sufrir. El principio de que los inocentes mueran por los culpables fue establecido en el jardín del Edén: Adán y Eva recibieron vestiduras de piel de animal para cubrir su vergüenza (Génesis 3:21); por lo tanto, se derramó sangre en el Edén. Más tarde, este principio fue establecido en la Ley de Moisés: «la misma sangre hará expiación de la persona» (Levítico 17:11; 11 Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona. cf. Hebreos 9:22). 22 Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión. Jesús tuvo que sufrir porque el sufrimiento es parte del sacrificio, y Jesús era «el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29). La tortura física de Jesús era parte del pago requerido por nuestros pecados. Somos redimidos «con la sangre preciosa de Cristo, un cordero sin mancha ni defecto» (1 Pedro 1:19). Lucas resalta como Dios estaba interviniendo en el tiempo, usando al gobernador del imperio romano Augusto César, para llevar a cabo la promesa dada por sus profetas acerca del Salvador del Mundo. De la misma manera que Dios obró para que en su tiempo se llevará a cabo el acontecimiento más importante en la historia de la humanidad, el cual es que su Hijo Unigénito naciera de una mujer virgen, viviera una vida sin pecado, muriera por los pecados de la humanidad y resucitará al tercer día con el propósito eterno de salvar a todo aquel que creyera en Él (Juan 3:16). Así también obrará en su tiempo en su vida, para llevar a cabo los planes que tiene para usted. Los planes de Dios no son como los planes del hombre. Los planes de Dios son eternos, para guiarnos por camino de salvación o usarnos como vaso útil para que otros conozcan a Cristo por medio de nosotros. Todo ocurre en el tiempo de Dios, Sara, cuando se le dijo que sería de madre a edad avanzada, cuando se cumplió el tiempo vio la promesa hecha (Génesis 17:21, 18:14, 21:2). 17:21 Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene.

 Recordemos cuando el Rey David fue ungido como Rey, no gobernó en el mismo momento sobre Israel, pero en el tiempo de Dios vio la promesa (1 Sa 16:1, 11-13; 2 Sa 2:4).2 Samuel 2:4 Y vinieron los varones de Judá y ungieron allí a David por rey sobre la casa de Judá.

Y dieron aviso a David, diciendo: Los de Jabes de Galaad son los que sepultaron a Saúl.

 Otro caso es el de Ciro rey persa a quien Dios le reveló al profeta Isaías 120 años antes de que naciera, que lo usaría para hacer volver de la cautividad al pueblo de Israel, para volver a edificar la Ciudad y el Templo, cumplido el tiempo de Dios lo hizo (Isaías 44:26-28; Esdras 1:1-2; 2 Crónicas 36:22-23). 2 Crónicas 36:22-23 Mas al primer año de Ciro rey de los persas, para que se cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías, Jehová despertó el espíritu de Ciro rey de los persas, el cual hizo pregonar de palabra y también por escrito, por todo su reino, diciendo: 23 Así dice Ciro, rey de los persas: Jehová, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra; y él me ha mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá. Quien haya entre vosotros de todo su pueblo, sea Jehová su Dios con él, y suba.

 “Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin” Eclesiastés 3:11 No vale la pena que nos angustiemos entre apuros y afanes corriendo detrás del tiempo. Recordemos que por muy rápido que vayamos, las circunstancias no dependen de nosotros, están fuera de nuestro control

2.       Jesús se despide con alegría. vv 50-53

La despedida de Jesús cuando es llevado al cielo es importante por varias razones. En primer lugar, la ascensión demuestra la victoria de Jesús sobre la muerte y el pecado. Después de su resurrección, Jesús demostró que tenía el poder sobre la muerte y el pecado. La ascensión es la culminación de esta victoria, ya que Jesús fue llevado al cielo en presencia de sus discípulos y testigos. A diferencia de lo que sucede en las despedidas tradicionales, en donde se pone de manifiesto la tristeza por el alejamiento del ser querido, en este caso los que fueron bendecidos mientras Jesús era llevado al cielo, regresaron a Jerusalén “con gran gozo.” Dicha alegría estimulaba y animaba una vida de servicio y consagración a Dios. La ascensión de Jesús, es motivo de alegría porque es el momento en que se estableció la iglesia y se inició la misión de la propagación del evangelio. La ascensión es motivo de alegría, pues Jesús se sentó a la diestra de Dios y comenzó su ministerio como mediador entre Dios y los hombres. Jesús ahora intercede por nosotros ante el Padre y nos da acceso a la presencia de Dios.

La última vez que los discípulos vieron al Señor, Él estaba bendiciéndoles. Cuando Jesús venga la próxima vez, vendrá para juzgar al mundo. No vendrá a juzgar a Su iglesia, sino que Su venida será para los suyos una bendición. Nosotros tenemos que anhelar Su venida con alegría y expectativa. El mensaje central con el que Jesús quiere lograr que los discípulos alcancen una nueva y mejor comprensión de las cosas es la unidad. Esta unidad sólo es posible en el amor, y el amor es un Don de Dios y una tarea humana. La dimensión del amor es hacerlo así, en la justa medida en la que lo ha hecho el Señor. Pide que, en el amor los unos con los otros, se haga posible la evangelización mejor. En esto conocerán que son discípulos míos, en el amor. Los apóstoles antes de recibir el espíritu santo tenían miedo, Después de recibir el espíritu santo tenían decisión y los apóstoles después de recibir el espíritu santo se dispersaron por todo el mundo, y en pocos años fundaron muchas Iglesias. Источник: https://diocesiscoatza.org/cristo-y-los-apostoles/cuando-jesus-se-despide-de-sus-discipulos.html

La Ascensión de Jesús es vista como una promesa y una fuente de esperanza para los creyentes. Jesús aseguró a sus discípulos que volvería y que estaría con ellos siempre, a través del Espíritu Santo. Esta promesa de su regreso da consuelo y fortaleza a los seguidores de Jesús a lo largo de los siglos.

Podemos aplicar la lección de la ascensión a nuestras vidas diarias recordando que Jesús es nuestro mediador y que tenemos acceso a la presencia de Dios a través de él. Debemos acercarnos a Dios con confianza y seguridad, sabiendo que Jesús intercede por nosotros ante el Padre. También podemos aplicar la lección de la ascensión recordando que tenemos una misión importante que cumplir como cristianos. Debemos compartir el amor de Dios con los demás y hacer nuestra parte para establecer su reino en la tierra. Tomado de volviendo a la Biblia. Como dijimos anteriormente Lucas ve que los discípulos estaban llenos de gozo después de que el Señor se había ido definitivamente de ellos. Probablemente nosotros esperaríamos que hubieran quedado turbados y tristes. Ellos veían que, el mundo no había cambiado en nada, y Jesús ya se había ido al cielo. Otra cosa, la tarea que les había encomendado de llevar el evangelio hasta el fin del mundo, predicándolo a todas las naciones, parecía irrealizable, La pregunta surge, ¿cómo podían estar tan gozosos? Toda separación deja tras de sí un dolor, ¿cómo es posible que su despedida no les llenara de tristeza? ¿Cómo se explica esto?

Como vemos ellos no se sentían abandonados, ni tampoco creían que Jesús se hubiera distanciado de ellos e irse a un lugar lejano en donde no puedan comunicarse. Estaban seguros de la presencia de Jesús con ellos. Ya que él mismo les había garantizado: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28:20). De una manera diferente a como se habían relacionado con Él, pero igualmente era real, él seguía estando con ellos. Y lo que es más importante, esta nueva relación, ya nunca la perderían. Antes de su muerte nuestro Señor prometió que no dejaría huérfanos a los discípulos, sino que les mandaría al Consolador, el Espíritu Santo, quien había de sustituir a Cristo en la tierra. Pero su llegada dependería de que Cristo fuera al Padre. El hecho de que el Espíritu Santo descendiera en el día de Pentecostés, era una evidencia clara de que Jesús realmente había ascendido al cielo. Es por eso que ahora le invitamos a que se acerque a Cristo hoy para heredar la vida eterna junto a Él.

  

                             

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