Sunday Morning Service

El Sermón de la Mañana #10 – El Reino De Salomon Serie 2



Y Betsabé se inclinó, e hizo reverencia al rey. Y el rey dijo: ¿Qué tienes? Y ella le respondió: Señor mío, tú juraste a tu sierva por Jehová tu Dios, diciendo: Salomón tu hijo reinará después de mí, y él se sentará en mi trono.

1 Reyes 1:17

Notas de sermón:

A simple vista, la administración de Salomón y sus campañas de construcción parecen ser muy

buenas. El pueblo está feliz de hacer los sacrificios necesarios para construir el templo (1R 8:65-66), un lugar donde todos pueden ir a recibir la justicia (1R 8:12-21), el perdón (1R 8:33-36), la

sanación (1R 8:37-40) y la misericordia de Dios (1R 8:46-53). (proyecto : teología del trabajo) Sin

embargo, después de terminar la construcción del templo, Salomón construye un palacio para él

de la misma escala y magnificencia que el templo (1R 9:110). Cuando se acostumbra al poder y la

riqueza, se vuelve egoísta, arrogante e infiel y destina una gran parte de la capacidad productiva

de la nación para su beneficio personal. Decide revestir de oro su grande e impresionante trono de

marfil (2Cr 9:17), recibe a las visitas con lujos (1R 10:5), deshonra los acuerdos que hace con sus

aliados (1R 9:12) Es evidente que a Dios realmente le importa si hacemos nuestro trabajo para

favorecer Sus propósitos o si lo hacemos en contra ellos. Es posible alcanzar logros asombrosos

cuando trabajamos de acuerdo con los planes de Dios, pero cuando no lo hacemos, nuestro

trabajo se desintegra rápidamente. Veamos como Salomón se aleja de Dios

I.                     LA APOSTASIA DEL REY SALOMON.

El Rey Salomón amó a mujeres extranjeras quienes adoraban a otros dioses, y trajeron

influencias paganas a Israel. El amó a muchas mujeres, rechazando el plan de Dios

desde el principio, que un hombre y una mujer se convirtieran en una sola carne en el

matrimonio (Mateo 19:4-6, Génesis 2:23-24).

Dios dio una advertencia general hacia Israel de que no se dieran en casamiento a estas naciones, porque ciertamente harán inclinar vuestros corazones tras sus dioses.

Para toda la gran sabiduría de Salomón, él no tuvo la sabiduría para aplicar este sencillo mandamiento a su propia vida. Salomón quizás hizo lo que hacemos muchos de nosotros.

Él, de alguna manera, pensó que él sería la excepción, que él “podría salirse con la

suya” con su pecado, a pesar de ver como afectaba a otros. aprendió – o debió de aprender – que él no era la excepción a esta regla.

La edad no lo hizo más sabio a Salomón. Parecía que era más sabio durante su juventud, y la vejez endureció las tendencias pecaminosas que estaban presentes en

sus años de juventud. La edad y la experiencia nos deberían de hacer más piadosos y sabios, pero esto no ocurre automáticamente. aprendió – o debió de aprender – que

él no era la excepción a esta regla.

La última mirada a la vida de Salomón en 1 Reyes nos conduce a creer que él murió en apostasía. No hay un final con esperanza o alentador a la historia de este hecho.

“Si él si se arrepintió, aún el silencio de las Escrituras sobre ello en esta historia no fue

sin una razón sabia; mientras, entre otros, de que su eterna condición fuera dejada a

lo más en la duda, su ejemplo pueda tener una influencia mayor para el terror y cuidado de futuros ofensores.” (Poole)

II.                   EL REY QUE INICIO UN REINO FUTURO

Esta parte del Sermón es tomado del sermón del Príncipe de los Predicadores Charles

Spurgeon titulado los Dromedarios. En el Tabernáculo Metropolitano Newington, Londres.

El reino de Israel, bajo el poder de Salomón, era un tipo legítimo del reino de nuestro                 Señor Jesucristo. Tal vez describa con mayor precisión su futuro dominio, en la largamente esperada gloria de los últimos días.

El presente estado de la iglesia puede ser comparado al reino de David, espléndido en

victorias, pero conturbado por batallas; pero vendrán mejores días, días en los que el

reino se extenderá y se volverá más manifiesto; y, entonces, el Señor Jesucristo será

visto todavía más conspicuamente como el Salomón del reino que, “Dominará de mar

a mar.” Israel, bajo Salomón, gozaba de abundancia lo mismo que de paz. ¿Qué dice el

historiador? Eran “muchos, como la arena que está junto al mar en multitud,

comiendo, bebiendo y alegrándose.” Se dice que había tal abundancia en la tierra, en

el tiempo de Salomón, que el oro no valía más que la plata, y la plata se había vuelto

de casi del mismo valor que el hierro; y en cuanto a los otros metales, se consideraban

como algo insignificante. Los metales preciosos se habían vuelto tan comunes que ya

casi no eran preciosos, pues eran muy copiosos. Toda la tierra fluía con leche y miel, y

la gente se regocijaba y estaba alegre.

Ciertamente el Señor Jesucristo ha traído a Su pueblo a un estado de suprema

afluencia, pues “Todo es vuestro; sea lo presente, sea lo porvenir, todo es vuestro; sea

la vida, sea la muerte; todo es vuestro; y vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.” ¡Cuánta

abundancia tiene el hombre a quien el Señor ha dicho: “No quitaré el bien a los que

andan en integridad”! “Todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.”  Así,

también, moramos en un reino que es gobernado con sabiduría. En este capítulo se

dice que Salomón poseía sabiduría y prudencia muy grandes, y anchura de corazón

como la arena que está a la orilla del mar; y la sabiduría de Salomón era mayor que la

de todos los orientales, y que toda la sabiduría de los egipcios.

¿Acaso no es este también nuestro honor y privilegio? He aquí, este día el Señor

Jesucristo es “hecho sabiduría para nosotros.” Cuando moran en El, “Vosotros tenéis la

unción del Santo, y conocéis todas las cosas”, pues “La comunión íntima de Jehová es

con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto.” “El que quiera hacer la voluntad

de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios.” “Todos tus hijos serán enseñados por

Jehová; y se multiplicará la paz de tus hijos.” De aquí que vivamos bajo un gobierno de

sabiduría, que es impartida a cada uno de nosotros de acuerdo a nuestra capacidad

para recibirla, sí, incluso a aquellos cuya experiencia no es sino superficial: “Para dar

sagacidad a los simples, y a los jóvenes inteligencia y cordura.” “Y si alguno de vosotros

tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin

reproche.” Israel tenía un rey que estaba lleno de poder. Salomón tenía escuadrones

de caballos y carros de guerra, y era tan poderoso, que los reyes de la tierra no se

atrevían a entrar en conflicto con él, sino que más bien le pagaban tributo.
En cuanto a nuestro Rey, cuenta con fuerzas superiores a los caballos y carros de

guerra, pues no tiene; sino que hablar a Su Padre, y de inmediato le enviaría veinte

legiones de ángeles. Toda potestad le es dada en el cielo y en la tierra. La plenitud de

la Deidad habita en Él, para ayuda y defensa de Su pueblo, y si pudieran abrir sus ojos,

verían caballos de fuego y carros de fuego que rodean a su Señor. Ejércitos de ángeles

ascienden y descienden sobre el Hijo del hombre, y todo el cielo está en movimiento

para cumplir los propósitos de Dios en Cristo Jesús. Ningún ángel permanece quieto

bajo el señorío de Cristo, sino que cada uno asciende o desciende para cumplir las

órdenes de su Señor.

III.                 UN REY ORGANIZADO

En la corte de Salomón todos sus gobernadores tenían un servicio que cumplir, “Cada

uno según su obligación.” Sucede exactamente lo mismo en el reino de nuestro Señor Jesucristo. Si somos verdaderamente Suyos, nos ha llamado a alguna obra y oficio, y

quiere que cumplamos esa obligación diligentemente. No somos caballeros que disfrutan el ocio, sino hombres en armas; no somos holgazanes, sino obreros; no somos lentejuelas rutilantes, sino luces brillantes.

Es una gloria suprema ser el siervo más humilde del Rey Jesús. Es más honroso ser un humilde ayudante en la cocina de Cristo que ser un paria del reino terrenal. La

posición más insignificante que pueda ser ocupada en el reino de Jesucristo, -si alguna pudiera ser insignificante en semejante servicio-, está circundada por un toque de

gloria divina; y si la desempeñamos correctamente, aunque sólo se trate de lavar los pies de los santos, participamos del honor de nuestro Señor, que no desdeñó hacer eso.

Pero nadie es colocado en ningún oficio de la iglesia para que sea meramente ornamental. Somos puestos en nuestros lugares con un fin y un propósito, cada varón de acuerdo a su tarea, y cada mujer conforme a su tarea.


Amado hermano mío, usted no ocupa el puesto de ministro o de pastor para ser respetado, sino para que “en todo adorne la doctrina de Dios su Salvador.” No eres

ordenado, amado hermano mío, para ser un anciano o un diácono en una iglesia, para que nuestro Señor le cubra de honor, aunque le honra con ello, sino para que puedas

dar gloria a Dios, para que la gente vea la gracia de Dios en usted, y engrandezca a Dios en usted.
Las iglesias no fueron hechas para los ministros, sino los ministros para las iglesias. Nosotros que somos líderes en la iglesia, no somos ordenados para nuestro interés

sino en el interés de la gente, y debemos siempre recordar esto, y tenerlo siempre delante de nosotros.

Querido amigo o amiga, si eres llamado al evangelismo, o a actuar como un misionero, o como una maestra de Biblia, tiene un trabajo por hacer, y debe hacerlo bien, o rendirás unas tristes cuentas al final.

El oficio no te es dado para que recibas el crédito por ello, o tengas el honor de cumplirlo, sino para que desempeñes un servicio real a tu Señor y Maestro Jesucristo.

Ningún siervo de Cristo puede ser fiel si considera ese título como un honor estéril que no implica responsabilidad.

Si usted no ha entregado su vida a Jesús le pedimos que le dé a Jesús la oportunidad de que usted le entregue todo.

¡Todo para Jesús, él glorioso Salomón de nuestros corazones, el Amado de nuestras almas! ¡Nuestra vida para Jesús! ¡Nuestra muerte para Jesús! ¡Nuestro tiempo para Jesús! ¡Nuestra eternidad para Jesús! ¡Nuestra mano y corazón para Jesús! ¡Nuestro cerebro y lengua para Jesús! ¡Noche y día para Jesús! ¡Enfermedad o salud para Jesús! Todo para Jesús, “cada uno según su obligación.” ¡Que así sea! Amén.

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