Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él.»
Hechos 12:5
Pastor Juarez
Notas de sermón:
En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles. 2 Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan. 3 Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro. Eran entonces los días de los panes sin levadura. 4 Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel, entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno, para que le custodiasen; y se proponía sacarle al pueblo después de la pascua. 5 Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. El nombre «Herodes» no era nombre propio sino el nombre de una familia de reyes. Este rey Herodes (de Hechos 12) era el nieto de Herodes el Grande, segundo hijo del idumeo Antipas, quien mató a «todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores» (Mat. 2:16), y hermano o sobrino de Herodes Antipas quien mató a Juan el bautista (Mat. 14:1-12). El nombre de éste Herodes (quien mató a Jacobo) era Agripa I y reinó desde el año 42 hasta el año 44 d. de J.
La fuerza de la oración incesante de la Iglesia se eleva a Dios y el Señor escucha y realiza una liberación inimaginable e inesperada, enviando a su ángel. La oración es una comunicación teniendo intimidad con nuestro Padre Eterno. 12 Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; 13 y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Jeremías 29:12-13 La Verdadera Oración que le agrada a Dios es la que se hace con reverencia (Lucas 11:2), Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. con un corazón contrito y humillado que busca hallarlo de verdad (Jeremías 29:13). y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. La oración es fuente de poder para el creyente, nuestro mayor ejemplo es El Señor Jesús, quien buscaba siempre el rostro de Dios. Y tomaba poder con su presencia, entonces: sanó enfermos, resucitó muertos e hizo muchos milagros. Él espera que sus seguidores se acerquen a Dios en oración, lo adoren y lo alaben, le den gracias, le presenten peticiones personales, y oren por otros. Orar a Dios a diario nos ayuda a orientar nuestra vida a lo largo de cada día.
I. LA IGLESIA ORABA POR UN MILAGRO
Este milagro nos hace recordar la pascua judía. Como sucedió en aquel acontecimiento, también aquí realiza la acción el ángel del Señor que libera a Pedro. Y las acciones que tiene que hacer el Apóstol —al que se le pide que se levante de prisa, que se ponga el cinturón y que se envuelva en el manto— reproduciendo las mismas acciones del pueblo elegido en la noche de la liberación por intervención de Dios, cuando fue invitado a comer deprisa el cordero con la cintura ceñida, las sandalias en los pies y un bastón en la mano, listo para salir del país (Éxodo 12:11). Así Pedro puede exclamar: «Ahora sé realmente que el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes» (Hechos 12:11). Pero el ángel no sólo recuerda al de la liberación de Israel de Egipto, sino también al de la Resurrección de Cristo. De hecho, los Hechos de los Apóstoles narran: «De repente se presentó el ángel del Señor y se iluminó la celda. Tocando a Pedro en el costado, lo despertó» (Hechos 12:7). La luz que llena la celda de la prisión, la acción misma de despertar al Apóstol, remiten a la luz de la Pascua del Señor que vence las tinieblas de la noche y del mal. No parecía de alguna manera de que sus oraciones fueran contestadas. Eran solo un grupo pequeño de judíos que creían en Jesús. Si lo comparamos con el número de soldados de Herodes que era muy superior a ellos que no había modo humano de poder soltar a Pedro. Eso mismo puede ocurrir cuando los cristianos nos encontramos en una situación así. Mientras que pensamos que podemos solucionarlo por nosotros mismos, es una tendencia natural a depender de nosotros mismos. Así que Dios nos pone en un lugar donde no tenemos ninguna posibilidad de éxito. Es así donde ocurren los milagros, así es que nos vemos obligados por las circunstancias a volvernos a Dios, y vemos a Dios moverse milagrosamente. ¡A pesar de que la situación de Pedro era desesperante, sabían que Dios puede hacer cosas imposibles! Por lo tanto, se lanzaron a Dios en oración. Lo que ellos hicieron fue orar por algo que parecía imposible, pero aun así oraron.
II. ELLOS LE PIDIERON A DIOS.
La oración que tiene poder es la oración que se ora “a Dios”. La iglesia, que acompaña a Pedro mientras se halla en la cárcel, es una iglesia que ora verdaderamente, durante toda la noche, unida. Y es una alegría incontenible la que invade el corazón de todos cuando el Apóstol llama inesperadamente a la puerta. Dios había contestado, ocurrió el milagro.
Es probable que muchos de nosotros podemos identificarnos con él apóstol Pedro: estamos sin salida a nuestra problemática, estamos llenos de problemas, y cada vez la situación se hace peor, se imaginan a Pedro estando preso y esperando ser ejecutado al día siguiente. Es probable que nuestra cárcel sean los vicios, de un matrimonio lleno de problemas, que nuestros hijos no nos obedecen. Tener muchas deudas, enfermedades incurables. Pero no nos desesperemos nuestro Señor quiere darnos seguridad y confianza en que no hay ninguna situación por muy difícil que parezca que no pueda ayudarnos. Ese mismo Dios que liberó a Pedro y a otros apóstoles que estuvieron presos también, ese es nuestro Dios Todopoderoso. En esta situación el Apóstol Pedro se encontraba en la cárcel, y la iglesia no podía usar la fuerza para sacarlo, pero contaban con algo más poderoso y esta era la oración. La iglesia oraba sin cesar, la iglesia intercedía ante Dios, pidiendo por Pedro, clamaban su liberación, aunque pareciera imposible.
III. LA IGLESIA ORA SIN CESAR.
Cuando nos comunicamos con Dios, sucede algo importante y es que Dios también se comunica con nosotros por medio de la oración. Esto implica porque la oración es tan importante para nuestras vidas, dado que nos permite estar conectados con Dios y crear esa relación que tanto necesitamos y anhelamos. El mandato de Pablo en 1 Tesalonicenses 5:17 de, “Orad sin cesar,” nos produce una incertidumbre. Por supuesto que, no significa que debemos estar en una postura de estar arrodillados con los ojos cerrados durante todo el tiempo. Este llamado no se está refiriendo a una postura física continua, sino a una postura del corazón, una que se encuentra en rendición y dependencia del Señor de manera continua. El mandato no se refiere a hablar sin parar, sino a una actitud hacia Dios, y rendirnos ante Él todo el tiempo. Cada momento, nuestro pensamiento, debe ser vivido con la actitud de que Dios está con nosotros y de que Él está activamente inmerso en nuestros pensamientos y acciones. La oración continua es esencial para la fortaleza de la relación con el Señor y de la habilidad de vivir en este mundo. Por lo tanto debe ser nuestra manera de vivir, debemos tener constantemente una actitud de oración. Orar sin cesar es vivir un estado constante de la presencia de Dios, en donde todo lo que vivimos denota la presencia de Dios. Lo que vivimos se convierta en una especie de oración y cuando lo hago significa que cuando soy tentado a hacer lo malo, lo sustituyo por algo satisfactorio y bueno y le doy gracias a Dios. Cuando vemos los problemas a nuestro alrededor le pedimos a Dios que los quite y que nos ayude a lograrlo, si es su voluntad. Cuando nos encontramos con alguien que no conoce a Cristo, oramos para que Dios acerque a esa persona hacia él y nos use para ser un fiel testigo. Es así como logramos que nuestra vida se convierte en una oración continuamente escalando: Todos los pensamientos, obras y circunstancias de la vida se convierten en una oportunidad para tener comunión con nuestro Padre celestial. Así ponemos nuestras mentes “en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:2). John Macarthur
Si tomamos una actitud de dependencia de Dios y en medio del sufrimiento nos enfocamos en la oración continua y en dar gracias y gloria a Dios, entonces toda preocupación, ansiedad, y cualquier sentimiento que llegue a nuestra vida se disipará y enfocará por medio de la oración. Pablo exhorta a la oración continua en varios pasajes en sus epístolas. Por ejemplo, Filipenses 4:6 nos dice: “Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios”. En la carta a los Efesios, Pablo acentúa las doctrinas fundamentales y anima a los creyentes a que encuentren fortaleza, diciéndoles: “Con toda oración y súplica oren en todo tiempo en el Espíritu, y así, velen con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Ef. 6:18). La instrucción del apóstol es a usar la oración como nuestra armadura de manera continua, no solo por nosotros, sino también por nuestros hermanos en Cristo, los que están cerca y también a los que no conocemos. Debemos de perseverar en cada momento del día con una mente enfocada en Dios frente a cada circunstancia. En este día oraremos cuando sepamos que alguien está enfermo, cuando veamos las malas noticias en los noticieros, cuando piense que algo es muy difícil de resolver, cuando piense en los problemas de su trabajo, los problemas de sus hijos, y darle gracias a Dios porque hoy se levantó y va a terminar el día, y saber que tiene comida, y ver todas las bendiciones que Dios le ha dado a su hogar con todas las cosas que posee, cuando los resultados que nos dio el médico son buenos, cuando se reúne con los hermanos en Cristo para alabarlo. Dedíquense a la oración: perseveren en ella con agradecimiento y, al mismo tiempo, intercedan por nosotros a fin de que Dios nos abra las puertas para proclamar la palabra, el misterio de Cristo por el cual estoy preso.
(Colosenses 4:2-3) Todos los pensamientos, obras y circunstancias de la vida se convierten en una oportunidad para tener comunión con nuestro Padre celestial. Acepte a Cristo como su Salvador personal y le proveerá la vida eterna y valor para vivir una vida llena de amor, perdón e interés por los seres humanos.
