Sunday Morning Service

Sermón de la Mañana #183 | CALMANDO LA TEMPESTAD



35 Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado. 36 Y
despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había
también con él otras barcas. 37 Pero se levantó una gran tempestad de
viento, y echaba las olas en la barca, de
tal manera que ya se anegaba. 38 Y él estaba en la popa, durmiendo
sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes
cuidado que perecemos? 39 Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al
mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo
grande bonanza. 40 Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo
no tenéis fe? 41 Entonces temieron con gran temor, y se decían el uno al
otro: ¿Quién es este, que aun el viento y el mar le obedecen?

Marcos 4:35-41

Pastor Jose Juarez

Notas de sermón: 

Sermons.com nos da esta ilustración: Víctor Hugo, famoso por su novela El jorobado de Notre Dame, también escribió un cuento llamado «Noventa y tres». Habla de un barco atrapado en una peligrosa tormenta en alta mar. En el punto álgido de la tormenta, los asustados marineros oyeron un terrible ruido de choque bajo la cubierta. Supieron de inmediato que este nuevo ruido provenía de un cañón, parte de la carga del barco, que se había soltado. Se movía de un lado a otro con el balanceo de la nave, estrellándose contra el costado de la nave con un impacto terrible. Sabiendo que podría hacer que el barco se hundiera, dos valientes marineros se ofrecieron como voluntarios para hacer el peligroso intento de volver a atar el cañón suelto. Sabían que el peligro de un naufragio por el cañón era mayor que la furia de la tormenta. Eso es como la vida humana. Las tormentas de la vida pueden soplar a nuestro alrededor, pero no son estas tormentas exteriores las que plantean el peligro más grave. Es la terrible corrupción que puede existir dentro de nosotros la que puede abrumarnos. La furiosa tormenta afuera puede ser abrumadora, pero lo que está sucediendo adentro puede representar la mayor amenaza para nuestras vidas. Nuestra única esperanza reside en vencer a ese enemigo salvaje. Desafortunadamente, las tormentas que rugen dentro de nosotros no pueden ser curadas por nosotros mismos. Se necesita el poder del amor de Dios, como se revela en Jesucristo. Él es nuestra única esperanza de calmar la tempestad que puede dañar nuestras almas y paralizar nuestras vidas. Eso es lo que los discípulos aprendieron este día en el Mar de Galilea. Pensaron que el peligro estaba fuera del barco. Pronto aprenderían que el verdadero peligro yacía dentro del barco, dentro de sus propios corazones. En una palabra, les faltaba fe. Y sin fe, sus vidas corrían peligro por las tormentas que inevitablemente vendrían. Y vinieron, y vendrán, vendrán. Entonces, ¿qué podemos aprender de este paseo en bote en medio de la tormenta? Una tormenta mar adentro es algo muy impresionante. Pero también surgen tormentas que azotan a la vida de toda persona que son tan impresionantes como la encontrada en el mar. Trataremos los siguientes Puntos:

1.      Las tormentas llegan inesperadamente.

El mar de Galilea es uno de los tres lagos que desembocan en el Rio Jordán. También es conocido como el mar de Tiberíades (Juan 6:1), y lago de Genesaret (Lucas 5:1). El lago de Galilea era famoso por sus tempestades. Se producían inesperadamente y surgían tan de pronto que sorprendían y daban miedo.

De pronto una TORMENTA inesperada que azotaba afuera del barco. O sea, de pronto las circunstancias habían sufrido un cambio y parecía que todo iba a perecer. En la vida del hombre los vientos de los problemas azotan de diferentes maneras. Es probable que no estemos en el mar en medio de una tormenta, pero es muy probable que existan tormentas de problemas y de adversidad en la vida de alguna persona. Los negocios pueden fallar y la gente queda desempleada. La enfermedad, o la muerte destruyen la normalidad de la vida. Todas estas circunstancias han azotado al ser humano todo el tiempo. Cuando las olas entran al barco. Hay que precisar que un barco en el mar puede aguantar una tormenta, pero cuando el mar con sus olas entra en el barco, toda esperanza desvanece. Es igual que cuando el pecado y la iniquidad invaden el alma, toda esperanza de seguridad desaparece. Si Jesús es capaz de calmar la tempestad y poder rescatar a los apóstoles de la tormenta, también es capaz de rescatarnos a nosotros de las tempestades de la vida cotidiana: Enfermedad, pérdida del trabajo, problemas matrimoniales e incluso el aguijón de la muerte (1 Corintios 15:55). También calmar nuestras tormentas.

2. Las tormentas pueden hacerte perder el rumbo.

            Hubo también otras tormentas como la que se narra en el libro del profeta Jonás en donde unos marineros que se vieron atrapados por una terrible tormenta: (Jonás 1:4-5, 13) “Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partiría la nave. Y los marineros tuvieron miedo, y cada uno clamaba a su dios; y echaron al mar los enseres que había en la nave, para descargarla de ellos. Pero Jonás había bajado al interior de la nave, y se había echado a dormir… Y aquellos hombres trabajaron para hacer volver la nave a tierra; mas no pudieron, porque el mar se iba embraveciendo más y más contra ellos.” De acuerdo a la escritura, tanto los discípulos como los marineros de la historia de Jonás lucharon para estabilizar la nave, pues la mayoría de ellos eran pescadores experimentados, siempre vivían en él mar, se habían criado en el mar, pero era tan fuerte la tormenta que todo esfuerzo fracasó. Si usted observa encontramos un paralelo con la historia de Jonás y la tempestad de Jesús, donde los marineros al verse en tan grande peligro lucharon por que la nave no se hundiera mientras que Jonás dormía. En el caso de los apóstoles Igualmente dice que Jesús dormía: pero él dormía. Entonces los discípulos entraron en gran pánico.

En la historia de Jonás los marineros despiertan a Jonás y al echar suertes se dan cuenta que la tormenta se debía a la presencia de este hombre en su barco y fue allí donde les declaro que huía del Señor, que estaba desobedeciendo a Dios, y ellos le preguntaron que podían hacer para remediar la situación: “Y le dijeron: ¿Qué haremos contigo para que el mar se nos aquiete? Porque el mar se iba embraveciendo más y más. Él les respondió: Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará; porque yo sé que por mi causa ha venido esta gran tempestad sobre vosotros”, (Jonás 1:11-12). Sin embargo, esta salida de la situación no les pareció bien a los marineros por lo que decidieron seguir combatiendo con sus propias fuerzas: (Jonás 1:13) “Y aquellos hombres trabajaron para hacer volver la nave a tierra; mas no pudieron, porque el mar se iba embraveciendo más y más contra ellos”.

Muchas personas al igual que estos marineros actúan diferente ante la posible solución, negando la asistencia que les da la solución al problema, que cuando se les ofrece el camino de salvación deciden seguir esforzándose por resolver sus problemas por sus propias fuerzas, aun en las peores situaciones de su vida. Al ver que la tormenta arreciaba, e iban a morir, los marineros se dieron cuenta que no tenían otra opción que obedecer la palabra del profeta y así hicieron: “Entonces clamaron a Jehová y dijeron: Te rogamos ahora, Jehová, que no perezcamos nosotros por la vida de este hombre, ni pongas sobre nosotros la sangre inocente; porque tú, Jehová, has hecho como has querido. Y tomaron a Jonás, y lo echaron al mar; y el mar se aquietó de su furor”, (Jonás 1:14-15). Podemos ver como el sacrificio de un hombre salvó la vida de todos los marineros. Así el sacrificio de Cristo salva nuestras vidas y nos da la victoria sobre todos nuestros problemas.

Si analizamos el origen de las tormentas a la luz de la Palabra de Dios, podemos llegar a la conclusión de que existen, factores que generan las tormentas: el hombre, Satanás y Dios. Pensemos en algunos ejemplos bíblicos.

Una de las grandes tormentas generadas por el ser humano que vemos en la Palabra de Dios es la que llegó a la vida del rey David. Estamos hablando de una tormenta que afectó el resto de su vida. En el segundo libro de Samuel se nos cuenta lo siguiente: 2 Samuel 11:1-2

1Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén.

2Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa. Al decidir quedarse en casa, se salió de la voluntad de Dios. Una primera enseñanza es que habrá tormentas cuando estamos fuera de la voluntad de Dios.

Otra tormenta que vemos en la escritura es la que experimentó Job, esta vez generada por Satanás. Veamos cómo sucedió: Satanás respondió al Señor: «¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No has hecho Tú una valla alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene, por todos lados? Has bendecido el trabajo de sus manos y sus posesiones han aumentado en la tierra. Pero extiende ahora Tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no te maldice en Tu misma cara». Entonces el Señor dijo a Satanás: «Todo lo que él tiene está en tu poder; pero no extiendas tu mano sobre él». Y Satanás salió de la presencia del Señor (Job 1:9-12). Aquí podemos ver que Dios permitió los males, fue Satanás el instigador que se movió para crear las tormentas en la vida de este hombre fiel. El dolor y el sufrimiento visitaron a Job de una forma extraordinaria. Sin embargo, la tempestad generada por el enemigo culminó en una mayor bendición, lo que nos permite entender que Dios no desampara a Sus fieles.

La lección que aprendemos en la vida de Jonás. Dios lo llamó, pero él huyó de Su voluntad; se subió a un barco y se alejó del lugar a donde el Señor quería que fuera. Pero, una tempestad le hizo reconocer que era culpable de desobediencia, por lo que fue arrojado al mar y tragado por un gran pez. En este caso Dios generó aquella tormenta en la vida de Jonás para darnos una lección. Muchos cristianos alrededor del mundo, que predican el evangelio, llegaron hasta ese punto gracias a las tormentas que Dios permitió en sus vidas, tal como le pasó al profeta.

Y tenemos aquí una lección muy importante que debemos aprender: no importa que usted esté andando fielmente en los caminos del Señor, eso no nos librará de atravesar por las tormentas y tempestades de la vida. El Señor no promete continuos tiempos de bonanza a los suyos, ni que seamos librados siempre de experiencias amargas o de peligro. Pero de lo que sí podemos tener seguridad en estas circunstancias, es de dos cosas: 1. Que el Señor estará con nosotros durante todo el camino. 2. Y de que nada podrá impedir que lleguemos «al otro lado».

Nos podemos apartar del Señor cuando llegan las tormentas a nuestra vida. Pero Dios, que es amoroso y justo, cumple Sus propósitos en nosotros a pesar y a través del dolor y el sufrimiento que pasemos. Casi siempre, Él comienza a usar a alguien de una manera extraordinaria después de probarlo con una tempestad. Dios permite que suframos un tiempo para acercarnos a Él y para que podamos decirle «sí, Señor».

El Señor usa estas enseñanzas para edificarnos y hacernos vivir con la mirada puesta en Él y no en las tormentas. El salmista nos da ánimo en medio de cualquier tormenta que podamos estar pasando:  Los que siembran con lágrimas, segarán con gritos de júbilo.

El que con lágrimas anda, llevando la semilla de la siembra,

En verdad volverá con gritos de alegría, trayendo sus gavillas (Salmo 126:5-6).

Confía en el Dios que tiene autoridad sobre todas las cosas. En sus momentos de debilidad, permita que la fortaleza de Dios le levante. Dios no está lejos cuando usted necesite ayuda; Él está a su lado. Acepte a Cristo Jesús como su salvador personal ahora, porque ahora es el día de Salvación.

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