VENCEDORES SOBRE LA MUERTE


Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria

I Corintios 15:54

By pastor Juárez

Nosotros somos corruptibles porque somos terrenales, procedemos de Adán y esa es nuestra condición, pero también tenemos de Cristo y esa es nuestra esperanza en la resurrección que estará con Cristo para siempre. La Palabra de Dios nos asegura que esta vida que ahora tenemos es solo un paso para llegar a la verdadera vida.

Esta ilustración nos muestra como piensa una parte del mundo.―DÉJENME ver la luz.‖ Se cuenta que estas fueron las palabras que dirigió el poeta italiano Giacomo Leopardi a los que lo atendían justo antes de morir. Reflejan el profundo apego del hombre a la vida, representada por la luz. El apego a la vida es un valioso impulso que mueve a la mayoría de la gente a evitar peligros y a hacer cuanto pueda para seguir viviendo. En este sentido, el hombre no difiere mucho de los animales, que tienen un marcado instinto de supervivencia. Pero ¿qué clase de vida merece verdaderamente la pena vivir y amar? No es la mera existencia fisiológica: solo respirar y moverse. Tampoco hallamos plena satisfacción si procuramos disfrutar de la vida al máximo.

La filosofía epicúrea, ―comamos y bebamos, porque mañana hemos de morir‖, no ha traído felicidad a las personas en general (1 Corintios 15:32). El hombre tiene algunas necesidades materiales fundamentales, pero también tiene intereses culturales y sociales, además de las necesidades espirituales, relacionadas con la fe en un Ser Supremo. Lo triste es que centenares de millones, quizás miles de millones, de personas tienen justo lo necesario para subsistir debido a las miserables condiciones sociales y ambientales de muchas regiones de la Tierra. Quienes se limitan principalmente a llenar sus necesidades físicas —comer, beber, tener posesiones o satisfacer los deseos sexuales— llevan, en cierto modo, una existencia propia de un animal, la cual les produce muy poca felicidad. En efecto, no se valen de los recursos más significativos que ofrece la vida para satisfacer el intelecto y las emociones humanas.

Además, quienes procuran satisfacer únicamente sus deseos egoístas no disfrutan de la vida al máximo, dañan la sociedad en la que viven y no promueven los intereses de los demás. (Tomado de Enseñe con Ilustraciones). Por eso es que podemos exclamar como el apóstol Pablo: ”Sorbida es la muerte en victoria.

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