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Un Sermón Corto #4 – Sin Poder Caminar



Notas de sermón:

Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.

Hechos 3:6

SIN PODER CAMINAR

                    “ Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.” Hechos 3:6

En este capítulo tenemos el primer milagro de la iglesia y el segundo discurso de Simón Pedro.

Al parecer, esta era la hora del sacrificio de la tarde, la hora cuando entraba el sumo sacerdote, o sacerdote a quien le tocaba en aquel día ofrecer el incienso con sus oraciones. Era la hora cuando se oraba. Es interesante notar aquí que ese altar de incienso hablaba de la oración. Ésta era la hora de la oración. Y es muy probable que hubiera un gran grupo de gente en el Templo orando en aquella hora. Este hombre cojo de nacimiento era traído todos los días y dejado a la puerta del templo. Que contraste la puerta la Hermosa y el hombre lisiado. Los ciegos y cojos formaban parte del entorno social de aquellos tiempos y acudían a donde había acumulación de gentes para recibir de ellas la limosna que necesitaban” – El fin de esta parte de la escritura era demostrar el poder de Dios en el hombre, que el Espíritu Santo estaba sobre los discípulos para hacer grandes señales y maravillas, con el fin de que el nombre de Dios sea glorificado y que el Evangelio se expandiera.  Actualmente como el cojo con hambre y no poder caminar, las noticias en Italia dicen: Es el hambre el nuevo virus que comienza a difundirse sobre todo en el empobrecido sur de Italia, la sombra ominosa del colapso social ha enmudecido a los italianos, que ya no cantan en los balcones como hasta hace unos días, para darse ánimo y mostrar que “saldremos de esta”. El virus del hambre amenaza sustituir al coronavirus que algún día será domado, quizás más o menos pronto, tras haber causado una gran devastación humana pero también de la vida social.

I.                     Pedro, Juan y el hombre cojo.

  1. Su nombre era Simón Bar-Jona hijo de Jonás, era un rudo y sencillo pescador del lago de Genesaret, que vivía con su mujer y su suegra en la aldea de Betsaida en la región de Galilea. Pedro junto con su hermano Andrés seguidor de Juan el Bautista, y sus amigos y compañeros de trabajo Santiago el mayor y Juan el discípulo amado, se encontraron entre los primeros apóstoles de Cristo.
  2. El Apóstol Juan fue uno de los más cercanos a Jesús. Al ser testigo de uno de los milagros del Señor, la pesca milagrosa. Juan decide dejarlo todo para seguirle. Realmente amaba al Señor y dedicó su vida a predicar sobre el amor de Dios. Juan es conocido como “el teólogo” porque en su evangelio se propone a presentar a Jesús como el verdadero hijo de Dios.

Como los demás apóstoles, sufrió mucho bajo las persecuciones de ese tiempo pero Dios lo acompaño hasta su vejez.

  1. El cojo, bien conocido por los judíos, siempre había estado cojo y era necesario llevarlo. El tenía más de cuarenta años de edad (4:22). El hecho de que todos supieran que había nacido así, tiene que ver que gran parte de su vida la hubiera pasado pidiendo limosnas en ese lugar. Los templos y altares eran lugares habituales donde encontraríamos a gente mendigando, en aquel tiempo. Un detalle interesante es que a este hombre lo ponían en aquel lugar. ¿Su familia? ¿Algún amigo? ¿Un amo explotador? No lo sabemos, aunque sí vemos que no resulta muy misericordiosa que digamos esa actitud. No tenía ninguna aspiración de ser curado, y mucho menos pediría curación a dos personas ordinarias, por eso lo único que buscaba era dinero.

II.                   Fervientes en oración.

  1. Ayúdanos Señor, estamos cansados. Parece que nuestra energía está decayendo, y la motivación se está quedando atrás. Te necesitamos tanto. Necesitamos tu poder y tu toque para volver al verdadero camino. Tu Palabra nos dice que el hablar contigo es nuestro poder. Si es así, necesitamos tu alegría para reemplazar todos los pensamientos tristes de nuestra mente. La presión de esta pandemia nos paraliza y nos hace incapaces de avanzar, nos sentimos lisiados como el cojo de la escritura. No sabemos a dónde acudir, dónde está la puerta la hermosa, porque en las iglesias evangélicas ya no hay gente en las puertas pidiendo limosna, pero si lujosos templos, grandes predicadores y mucho dinero, pero no el Espíritu Santo.
  2. Los primeros cristianos fueron gente de oración, la iglesia nació en un día de oración. Y desde entonces los creyentes han enseñado la oración. “Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración” (Hechos 2:42) Los discípulos entendían la importancia y el poder de orar juntos. El resultado de la oración es maravilloso “Todos fueron llenos del Espíritu Santo y proclamaron la Palabra de Dios sin temor alguno.Hch.4:31 nosotros también veremos el poder derramado en maneras asombrosas sobre esta pandemia. Y no nos dejará paralizados. Ahora podemos orar pidiendo que Jesús acuda a nuestra ayuda hoy y que cure a todos los enfermos del coronavirus, que nos sanes del miedo y que permitas que las naciones puedan trabajar juntas y que todos podamos ayudarnos unos con otros. Jesucristo, sanador de todo, acompáñanos en estos tiempos de incertidumbre y pena. Acompaña los doctores, enfermeras, investigadores y todos los profesionales médicos que andan en búsqueda de sanar y ayudar a los afectados, y que corren riesgos en el proceso. Permíteles sentir tu protección y paz. Acompaña los líderes de todas las naciones. Sustituye Jesús nuestra angustia por tu paz.

III.                       SUCEDEN LOS MILAGROS.

  1. La oración prepara el ambiente para los milagros. “Cuando hubieron orado” pues es precisamente la oración la que desencadena o activa la mano de Dios a favor de sus hijos. La oración hizo que el poder del Señor se manifestará en lo natural y por eso el lugar donde estaban tembló. Este milagro en el que usa a Pedro y Juan nos hace ver el poder que tiene la oración ante las dificultades que enfrentamos y que el enemigo pone para detener el camino de Dios. Cuando oramos le damos libertad al Señor para que él se mueva y nos de poder como en el caso del cojo dando testimonio que estaba con ellos para hacer el milagro. Cuando oramos el oye y responde como él quiere. El Señor espera que sus hijos le busquen y perseveren fortalecidos con Su poder. Durante un terremoto, ocurrido hace unos pocos años, los habitantes de la pequeña ciudad, presos del pánico, corrían de una a otra parte, cuando se apercibieron de una anciana, a quien todos conocían, en cuya actitud no podía verse sino paz y sosiego, la cual, desde la puerta de su vivienda parecía sonreír a los espantados. Alguien le preguntó: –Abuela ¿No tiene usted miedo?

A lo que la anciana, una cristiana fiel, contestó: –No, no tengo miedo…. Muy al contrario… Estaba pensando que mi protección es grande, pues tengo para ayudarme a un Dios que puede, si quiere, sacudir el mundo. Quieres que ocurra un milagro en tu vida, como el de esta anciana, y este cojo, quieres obtener salud, este día es día de milagros, entrega tu vida al Señor y él te sanará y te dará salvación. No importa cuán grande sea esta pandemia él te dará protección y su sangre preciosa perdonara tus pecados. Todo es posible para Dios, y tener esto presente nos fortalecerá en los tiempos más difíciles o ante los más grandes desafíos que el Señor nos anima a alcanzar. Cree en Dios, confía en los milagros de Jesús y él se moverá a tu favor. Para ver el milagro hace falta fe, este milagro no despierta la fe, es la fe la que permite ver el milagro. Aquellos que escuchan la palabra y la asimilan son los que pueden ver el milagro. Mira al Cristo crucificado en cada persona a tu alrededor y pide a Dios que puedan seguir caminando a pesar de los problemas que ahora atravesamos encerrados en nuestros hogares. Sígalo, llénese de su presencia, hágalo su Señor, Su Salvador, su amigo, dele el lugar que él se gano en la cruz por salvarlo a usted.

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