Blog diario

TORMENTAS


Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba esperanza; y la esperanza no avergüenza.”

Romanos 5:3-5

By Pastor Juárez

En la experiencia de la vida: a veces tenemos días soleados y a veces nublados, a veces placer, y a veces dolor. La vida es una combinación de felicidad y tormentas severas. Estos versículos nos instan a que tomemos ventaja al atrevernos a aceptar todo o enfrentarlo todo y permitir que lo malo nos golpee con todo su poder, misterio o tragedia en lo más profundo de nuestra alma.

E. Stanley Jones narra lo siguiente: “En cierta ocasión regresaba a mi casa después de una larga gira, y naturalmente estaba ansioso por llegar. Pero perdí las conexiones del tren en cinco estaciones, y no pude hacer nada más que preguntarme si los ferrocarriles habían preparado una conspiración para impedirme llegar, pues yo no había provocado ninguna de esas dificultades. Recuerdo que en mi perplejidad oraba: “Señor ¿hay algo que quieres enseñarme mediante estas demoras? Te ruego que me lo enseñes, y déjame llegar a casa”. Por fin, con veinticuatro horas de retraso llegué a la estación de Silaur en el tren de media noche. En esta época del año, febrero, casi nunca llueve; pero precisamente al poner un pie en la estación estalló una terrible tormenta. Tomé un pequeño coche nativo carente de toda protección, y tardamos dos horas en recorrer los tres kilómetros de la estación a mi casa. Estaba calado hasta los huesos y hacía frío. Pero al llegar a la misión vi una luz en el corredor ¡Cuán acogedora parecía! El misionero que habitaba en la casa fue a mi encuentro en cuanto salté del coche, y corrí por la galería, empapado y compadeciéndome por la serie de inconvenientes que culminaban con esta llegada tan poco feliz. Las primeras palabras del misionero fueron: “No he cerrado los ojos en toda la noche”.

Me detuve y no hice más que pensar: “Todos los hombres creen que sus tribulaciones son las peores, y muchas veces los obreros del Señor son los más propensos a ello; muchas veces cedemos a tal tentación cuando nos referimos a todas las cargas que gravitan sobre nosotros. Hay que afrontarlo todo con buena voluntad y entereza y recordar que no hay ningún mérito en testificar cuando todo va bien”.

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