Sunday Morning Service

El Sermón de la Mañana #3 – El Pacto De Dios



Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

Jeremías 31:33

Notas de sermón:

Este pasaje encuentra su realización sólo en el verdadero creyente en Jesucristo y su pacto con el hombre pecador. El Problema de Israel era espiritual. “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). El nuevo pacto es necesario debido al problema del pecado. Dios mismo hizo posible la  vida ideal a través de su propia prestación del Salvador bajo un nuevo pacto. No había otra solución para la depravación del hombre. El nuevo pacto no promete quedar sin pecado, sino el perdón. Nosotros somos pecadores salvados. Somos salvos por gracia mediante la fe en Cristo solamente.(tomado del mensaje de Will Pounds,El Nuevo Pacto, por Abide in Christ, Inc).

¿Cómo se relaciona Dios con el hombre? Desde la creación del mundo, las relaciones de Dios con el hombre ha estado definida por requerimientos y promesas específicas. Dios le dice a las personas cómo quiere que actúen y también les hace promesas sobre cómo va a actuar él con ellos en diferentes circunstancias.

La Biblia contiene varios resúmenes de las disposiciones que definen las diferentes relaciones entre Dios y el hombre que tienen lugar en las Escrituras, y con frecuencia llama «pactos» a estos resúmenes.  

Con respecto a los pactos entre Dios y el hombre que encontramos en las Escrituras, podemos ofrecer la siguiente definición: Un pacto es un acuerdo legal, inalterable y divinamente impuesto entre Dios y el hombre que estipula las condiciones de sus relaciones.

I.                     A. EL PACTO DE OBRAS.

Algunos han cuestionado si es apropiado hablar del pacto de obras que Dios tenía con Adán y Eva en el huerto del Edén. En realidad la palabra pacto no aparece en las narrativas de Génesis. Sin embargo, las partes esenciales del pacto están presentes:

Una definición clara de las partes involucradas, una serie de disposiciones legalmente vinculantes que estipulan las condiciones de las relaciones, la promesa de bendiciones por la obediencia y la condición para obtener esas bendiciones.

Además, Oseas 6:7, al referirse a los pecados de Israel, dice: «Son como Adán: han quebrantado el pacto»! Este pasaje ve a Adán viviendo en una relación de pacto que había quebrantado en el huerto del Edén. Además, en Romanos 5: 12-21 Pablo ve a Adán y a Cristo como cabezas de las personas que representan, algo que es completamente coherente con la idea de que Adán era parte de un pacto antes de la Caída.

En este pacto, Dios exigía una obediencia perfecta y total a su gobierno. Les prometió la vida eterna como bendición a la obediencia, pero amenazó a la humanidad con la muerte si desobedecía la ley de Dios. Todos los seres humanos desde Adán hasta la actualidad están ineludiblemente incluidos en este pacto. Las personas puede rehusarse a obedecer o incluso pueden hasta no reconocer la existencia de dicho pacto, pero no pueden escaparse de sus cláusulas. El pacto de las obras es la base de nuestra necesidad de salvación (porque lo hemos violado) y nuestra esperanza de redención (porque Cristo ha tomado nuestro lugar y cumplido con las cláusulas del pacto). Basta solo un pecado para transgredir el pacto de las obras y convertirnos en deudores incapaces de saldar nuestra deuda con Dios. El hecho de que nosotros, después de haber cometido aunque tan solo sea un pecado, tengamos alguna esperanza de ser redimidos se debe a la gracia de Dios, y únicamente a la gracia de Dios. (R. C. Sproul El Pacto de las Obras.)   Hay solo un humano que cumplió el pacto de las obras. Esa persona fue Jesús. Su obra como el segundo o el nuevo Adán cumplió con todos los términos de nuestro pacto original con Dios. El mérito que logró al cumplirlo está disponible para todos los que confían en Jesús.

II              B. EL PACTO DE REDENCIÓN.

Hay otra clase de pacto, un pacto que no es entre Dios y el hombre, sino entre los miembros de la Trinidad. Es el pacto que llaman el «pacto de redención». Este es un acuerdo entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, mediante el cual el Hijo está de acuerdo en hacerse hombre, ser nuestro representante, obedecer las demandas del pacto de obras en nuestro nombre y pagar el castigo del pecado que nosotros merecíamos. En cuanto al Padre, este «pacto de redención» incluía un acuerdo de dar al Hijo un pueblo que él redimiría para ser suyos Gn 17: 2, 6), enviar al Hijo para que fuera su representante Gn 3: 16; Ro 5: 18-19), preparar un cuerpo para que el Hijo morara en él como hombre (Col 2: 9; He 10: 5), aceptarle como representante del pueblo que habría redimido (He 9: 24), y darle a él toda autoridad en el cielo y en la tierra  (Mt 28: 18), incluyendo la autoridad de derramar el poder del Espíritu Santo y aplicar la redención a su pueblo (Hch 1: 4; 2: 23).

De parte del Hijo, estuvo de acuerdo en que vendría a este mundo como hombre y viviría como hombre bajo la ley mosaica (Gá 4: 4; He 2: 14-18), y que se sometería en perfecta obediencia a todos los mandamientos del Padre (He 10:7-9), se humillaría a sí mismo y se haría obediente hasta la muerte en la cruz (Fil 2: 8). El Hijo también estuvo de acuerdo en formar a un pueblo para sí mismo a fin de que ninguno de los que el Padre le iba a dar se perdiera Gn 17: 12). El papel del Espíritu Santo en el pacto de redención es estar de acuerdo en hacer la voluntad del Padre y llenar y facultar a Cristo para que llevara a cabo su ministerio en la tierra (Mt 3:16; Lc 4: 1, 14, 18;Jn 3: 34), y aplicarlos beneficios de la obra redentora de Cristo a los creyentes después de que Cristo regresara al cielo Gen 14: 16-17,26; Hch 1: 8; 2:17-18, 33).

III.                C. EL PACTO DE GRACIA

Cuando el hombre no obtuvo la bendición ofrecida en el pacto de obras, se hizo necesario que Dios estableciera otro medio, uno mediante el cual el hombre pudiera ser salvado. El resto de las Escrituras después del relato de la Caída en Génesis 3 es la narración de la acción de Dios en la historia para llevar a cabo el maravilloso plan de redención a fin de que las personas pecadoras pudieran entrar en compañerismo con él.

Las partes en este pacto de gracia son Dios y el pueblo que él redimiría. Pero en este caso Cristo cumple con un papel especial como «mediador» (He 8: 6; 9: 15; 12: 24) en el cual cumple por nosotros las condiciones del pacto y de ese modo nos reconcilia con Dios. (No había mediador entre Dios y el hombre en el pacto de obras.) La condición (o requerimiento) de la participación en el pacto es tener fe en la obra de redención de Cristo (Ro 1: 17; et al.). Este requerimiento de fe en la obra redentora del Mesías era también la condición para obtener las bendiciones del pacto del Antiguo Testamento, como Pablo lo demuestra claramente por medio de los ejemplos de Abraham y David (Ro 4:1-15). Ellos, como otros creyentes del Antiguo Testamento, alcanzaron salvación mirando hacia el futuro a la obra del Mesías que iba a venir y depositando su fe en él: Pero si bien la condición para empezar en el pacto de gracia es solo y siempre la fe en la obra de Cristo, la condición para continuar en el pacto se entiende que es la obediencia a los mandamientos de Dios. Aunque esta obediencia no sirve en el Antiguo Testamento ni en el Nuevo Testamento para ganar méritos con Dios, si nuestra fe en Cristo es genuina, producirá obediencia (vea Stg 2: 17), y la obediencia a Cristo en el Nuevo Testamento se considera una evidencia necesaria de que somos verdaderos creyentes y miembros del nuevo pacto (vea 1Jn 2:4-6). Si mantenemos el pacto con Dios, disfrutaremos de su favor y bendición. Quiere usted aceptar a Cristo Jesús como su Salvador, le invitamos a que lo haga ahora. Bendiciones.

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