Sunday Morning Service

El Sermón de la Mañana #17 – La Providencia De Dios – Serie 3



Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos”

Jeremías 10:23

Notas de sermón:

Este verso viene después de que Jeremías lamenta tristemente que el pueblo de Judá iba a ser

llevado en cautiverio a Babilonia. Jeremías dijo: “Conozco, oh Jehová”. El profeta hablaba del

hecho de que él bien sabía – que lo que sucede en este mundo no está bajo nuestro control. Dios

es Todopoderoso. Por Su providencia Él rige todo lo que nos sucede.

“Ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos”. Nosotros podemos decidir hacer

algo, pero Dios nos puede detener de hacerlo al ponerle un obstáculo. Usted puede

decidir hacer esto o aquello. Pero aun si usted es joven y fuerte, Dios podría hacer

imposible que lo haga.  Una de las razones principales por la que no debemos tratar de

controlar nuestras propias vidas es porque nuestros corazones son malvados. Aun

después de la conversión no podemos confiar en los sentimientos y pensamientos de

nuestros corazones – porque aun hay trazos del pecado que nos engañan. Es por eso que

la Biblia dice:

“El que confía en su propio corazón es necio”

       (Proverbios 28:26).

“es el poder de Dios, omnipotente y presente en todo lugar, por el cual sustenta y

gobierna el cielo, la tierra y todas las criaturas de tal manera que todo lo que la tierra

produce, la lluvia, la sequía, la fertilidad y la esterilidad, la comida y la bebida, la salud y la

enfermedad, las riquezas y la pobreza, así como todas las cosas no acontecen sin razón

alguna como por azar, sino por su consejo y voluntad”.

I.                    DIOS PROVEERA

“Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite.” 2 Reyes 4: 6.

Charles Spurgeon nos dice:

En tanto que hubo vasijas que llenar, el milagroso chorro de aceite continuó, y

sólo cesó cuando ya no hubo más cántaros que lo recibieran. El profeta no

pronunció una sola palabra para detener el proceso multiplicador, y el Señor

no puso ningún límite al prodigio de abundancia. La pobre viuda no se vio

restringida en Dios, sino en su provisión de tinajas vacías. Ninguna otra cosa en

el universo redujo el flujo del aceite. Sólo la ausencia de recipientes para

guardar el aceite, detuvo el flujo al instante. Las vasijas escasearon primero

que el aceite; nuestros poderes receptores se agotarán primero que el poder

proveedor de Dios.

Esto es cierto en referencia a NUESTRAS CIRCUNSTANCIAS PROVIDENCIALES.

En tanto que tengamos necesidades, tendremos provisiones, y encontraremos

que nuestras necesidades se agotan mucho antes que la liberalidad divina. En

el desierto caía más maná del que las tribus podían comer, y corría más agua

de la que los ejércitos podían beber, y mientras estuvieron en tierra desértica y

requirieron de esta provisión, se les otorgó de continuo. Cuando llegaron a

Canaán y se alimentaron del fruto de la tierra, las provisiones especiales

cesaron, pero sólo hasta ese momento. De la misma manera, también, el Señor

alimentará a Su pueblo hasta que no lo necesite más.

Equilibra la necesidad con los suministros, encaja la oración con la respuesta,

entremezcla el dolor con el gozo y el temor con la esperanza, y une dulcemente

la fe con su cumplimiento y lo sobrenatural con lo natural, y la motivación del

corazón con la recompensa de la acción. Si pudiéramos ver todo como lo

discierne un ángel, el panorama nos deslumbraría hasta el éxtasis. ( George D. Watson

II.                Dios tiene un propósito en todo lo que hace en el mundo.

 providencialmente gobierna o dirige todas las cosas a fin de que

cumplan sus propósitos. Leemos en Salmos:

«su reinado domina sobre todos» (Sal103:19). Es más, «Dios hace lo

que quiere con los poderes celestiales y con los pueblos de la tierra. No

hay quien se oponga a su poder ni quien le pida cuentas de sus actos»

(Dn 4: 35).

Pablo afirma que «todas las cosas proceden de él, y existen por él y

para él» (Ro 11: 36), y que «todo ha quedado sometido a su dominio» (1a Co 15: 27). Dios es el que

«hace todas las cosas conforme al

designio de su voluntad» (Ef 1: 11), de modo que al final «ante el

nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo

de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para

gloria de Dios Padre» (Fil 2: 10-11).

Es debido a que Pablo sabe que Dios es soberano sobre todo y logra

sus propósitos en todo suceso que tiene lugar que puede declarar que

«dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han

sido llamados de acuerdo con su propósito» (Ro 8: 28).

III.            LOS DECRETOS DE DIOS

Wayne Grudem lo define asi:

Los decretos de Dios son los planes eternos de Dios por los cuales, antes

de la creación del mundo, él determinó hacer que tuviera lugar todo lo

que sucede. Esta doctrina es similar a la doctrina de la providencia, pero

aquí nos referimos a las decisiones de Dios antes de que el mundo fuera

creado y no en sus acciones providenciales en el tiempo.

Sus acciones providenciales son los resultados de los decretos eternos

que hizo hace mucho tiempo. (Vea capítulo 2, p. 47, para ver «decretos»

usado en un sentido algo diferente.)

David confiesa: «Todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se

estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos» (Sal 139: 16; Job

14: 5: los días, meses y límites del hombre los determina Dios). También

hay un «determinado propósito y el previo conocimiento de Dios» (Hch

2: 23) por el cual mataron a Jesús, y las acciones de los que lo condenaron

y crucificaron estaban «predestinadas» por Dios (Hch 4: 28).

Nuestra salvación fue determinada hace mucho tiempo porque Dios

«nos escogió en él [Cristo] antes de la creación del mundo, para que

seamos santos y sin mancha delante de él» (Ef 1: 4). Nuestras buenas

obras como creyentes son las que «Dios dispuso de antemano a fin de

que las pongamos en práctica» (Ef. 2:10; Jud 4).

Dios nos hizo responsables por nuestras acciones, las que tienen

resultados reales y eternamente significativos.

En todos sus actos providenciales Dios preserva estas características de

responsabilidad y significación.

Si hacemos el bien y obedecemos a Dios, él nos recompensará y las

cosas marcharán bien para nosotros tanto en esta edad como en la

eternidad. Si hacemos el mal y desobedecemos a Dios, él nos

disciplinará y tal vez nos castigará, y las cosas marcharán mal para

nosotros. El darnos cuenta de estos hechos nos ayudará a tener

sabiduría pastoral al hablar con otros y al animarlos a que eviten la

ociosidad y la desobediencia.  Acepte a Cristo Jesús como su Salvador

personal y el le dará la vida Eterna.

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