Sunday Morning Service

El Sermón de la Mañana #22 – El Poder De La Oracion Parte III



Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos

Romanos 8:26-27

Notas de sermón:

Al igual que sucede con toda amistad, la relación con Jesús se verá fortalecida si usted se comunica con Él naturalmente y con habitualidad. 

En realidad, esa es la esencia de la oración: comunicarse de corazón a corazón con el Señor.

Pasar tiempo con El Señor rinde tantos beneficios que no podemos dejar de hacerlo. Él puede ayudarnos a resolver nuestros problemas,

responder a nuestras preguntas, aliviar nuestros dolores, proporcionarnos alegría, acercarnos al Cielo y muchas cosas más.

I                EL PAPEL DEL ESPÍRITU SANTO EN NUESTRA ORACIÓN.

Wayne Grudem lo define de la siguiente manera: Así Mismo, En Nuestra Debilidad El Espíritu Acude A Ayudarnos. No Sabemos Qué Pedir,

Pero El Espíritu Mismo Intercede Por Nosotros Con Gemidos Que No Pueden Expresarse Con Palabras. Y Dios, Que Examina Los Corazones,

Sabe Cuál Es La Intención Del Espíritu, Porque El Espíritu Intercede Por Los Creyentes Conforme A La Voluntad De Dios.

Los intérpretes difieren en cuanto a si los «gemidos que no pueden expresarse con palabras» son gemidos que el Espíritu Santo mismo

emite o son nuestros propios gemidos y suspiros en oración, que el Espíritu Santo convierte en oraciones eficaces delante de Dios. Parece

ser más probable que los «gemidos» o «suspiros» sean nuestros propios gemidos. Cuando Pablo dice que «en nuestra debilidad el Espíritu

acude a ayudamos» (v. 26), la palabra que se traduce «ayudar» (gr. sunantilambanomai) es la misma palabra que se usa en Lucas 10: 40, en

donde Marta quiere que María vaya a ayudarle.

(1) El v. 23 dice que «nosotros mismos gemimos»,

(2) Tales «gemidos», que parecen implicar un grado de aflicción o angustia, son apropiados para las criaturas (vv. 22, 23) pero no para el Creador; y:

(3) V. 26b, que menciona «gemidos que no pueden expresarse en palabra», explica la primera cláusula del v. 26, que dice que el Espíritu

nos «ayuda», no que el Espíritu reemplace nuestras oraciones. La frase «que no pueden expresarse en palabras» no necesariamente quiere

decir «silenciosa o sin ruido», sino más bien puede querer decir «que no es posible poner en palabras».

La palabra intercede no indica que el Espíritu Santo ora en lugar de nosotros, sino que el Espíritu Santo toma parte con nosotros y hace

eficaces nuestras oraciones débiles. Así, tales suspiros o gemidos en la oración se entienden mejor como los suspiros o gemidos que

nosotros emitimos, expresando los deseos de nuestro corazón y espíritu, que entonces el Espíritu Santo los convierte en oración eficaz.

Relativo a esto es la pregunta de lo que significa orar «en el Espíritu». Pablo dice: «Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y

ruegos» (Ef 6: 18), y Judas habla de orar «en el Espíritu Santo» (Jud 20). A fin de entender esta frase debemos damos cuenta de que el

Nuevo Testamento nos dice que muchas actividades se pueden hacer «en el Espíritu Santo». Es posible simplemente estar «en el Espíritu»

como Juan lo estuvo en el día del Señor (Ap 1: 10; 4: 2).

Y es posible regocijarse en el Espíritu Santo (Lc 10: 21), resolver o decidir algo en el Espíritu Santo (Hch 19: 21), que la conciencia de uno dé

testimonio en el Espíritu Santo (Ro 9:1), tener entrada a Dios en el Espíritu Santo (Ef. 2: 18), y amar en el Espíritu Santo (Col 1: 8). Estas

expresiones parecen referirse a morar conscientemente en la presencia del mismo Espíritu Santo, una presencia que se caracteriza por

cualidades semejantes a las de Dios de poder, amor, gozo, verdad, santidad, justicia y paz. Orar «en el Espíritu Santo», entonces, es orar en

plena consciencia de la presencia de Dios a nuestro alrededor que nos santifica a nosotros y a nuestras oraciones.

II.                   HAY QUE ORAR CONFORME A LA VOLUNTAD DE DIOS.

Juan nos dice: «Ésta es la confianza que tenemos al acercamos a Dios: que, si pedimos conforme a su voluntad, él nos oye. Y si

sabemos que Dios oye todas nuestras oraciones, podemos estar seguros de que ya tenemos lo que le hemos pedido» (1ª Jn 5: 14-

15).Jesús nos enseña a orar: «Hágase tu voluntad» (Mt 6: 10), y él mismo nos da un ejemplo, al orar en el jardín del Getsemaní:

«Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú» (Mt 26: 39).

Pero, ¿cómo sabemos cuál es la voluntad de Dios cuando oramos? Si el asunto por el que estamos orando se menciona en algún

pasaje de la Biblia en el que Dios nos da un mandamiento o una declaración directa de su voluntad, la respuesta a esta pregunta es

fácil: su voluntad es que obedezcamos su palabra y guardemos sus mandamientos. Debemos procurar obediencia perfecta a la

voluntad moral de Dios en la tierra para que se haga la voluntad de Dios «en la tierra como en el cielo» (Mt 6: 10).

Por esto el conocimiento de la Biblia es una ayuda tremenda en la oración, pues nos capacita para seguir el patrón de los primeros

cristianos que citaban la Biblia al orar (vea Hch 4: 25-26). La lectura regular y memorización de la Biblia, cultivada a través de

muchos años de vida cristiana, aumentará la profundidad, poder y sabiduría de nuestras oraciones. Jesús nos animó a tener sus

palabras en nosotros cuando oramos, porque dice: «Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en Ustedes, pidan lo que

quieran, y se les concederá» Gn 15: 7).

Esto quiere decir, por ejemplo, que, si estamos buscando sabiduría para tomar una decisión importante, no tenemos que

preguntamos si es la voluntad de Dios que recibamos sabiduría para actuar como es debido. La Biblia ya ha resuelto ese asunto por

nosotros, porque hay una promesa de la Biblia que se aplica:

Si A Alguno De Ustedes Le Falta Sabiduría, Pídasela A Dios, Y Él Se La Dará, Pues Dios Da A Todos Generosamente Sin Menospreciar

A Nadie. Pero Que Pida Con Fe, Sin Dudar, Porque Quien Duda Es Como Las Olas Del Mar, Agitadas Y Llevadas De Un Lado A Otro

Por El Viento. Quien Es Así No Piense Que Va A Recibir Cosa Alguna Del Señor; Es Indeciso E Inconstante En Todo Lo Que Hace (Stg 1:5-8).

Debemos tener gran confianza de que Dios responderá nuestra oración si pedimos algo que está conforme a una promesa o

mandato específicos de la Biblia como este. En tales casos, sabemos cuál es la voluntad de Dios, porque él nos la ha dicho, y solo

tenemos que orar creyendo que él va a responder.

No obstante, hay muchas otras situaciones en la vida en donde no sabemos cuál es la voluntad de Dios. Tal vez no estemos

seguros, porque ninguna promesa o mandato de la Biblia se aplica, si es la voluntad de Dios que obtengamos el trabajo que hemos

solicitado, o que ganemos una competencia atlética en la que estamos participando (oración común entre los niños,

especialmente), o que se nos elija para algún cargo en la iglesia, y cosas por el estilo.

III.                                                                  CÓMO ORAR CON FE.

Jesús dice: «Por eso les digo: Crean que ya han recibido todo lo que estén pidiendo en oración, y lo obtendrán» (Mr 11 :24). Algunas

traducciones varían, pero el texto griego en efecto dice: «Crean que lo han recibido

Jesús evidentemente está diciendo que cuando pedimos algo, la fe que producirá resultados es una seguridad resuelta de que cuando

oramos por algo (o tal vez después de que hemos estado orando por un período de tiempo), Dios acuerda concedernos nuestra petición específica.

En la comunión personal con Dios que tiene lugar en la oración genuina, esta clase de fe de nuestra parte puede resultar sólo conforme

Dios nos da cierto sentido de seguridad de que él ha acordado conceder a nuestra petición. Por supuesto, no podemos «desarrollar» esta

clase de fe genuina mediante una oración frenética o un gran esfuerzo emocional para tratar de obligarnos a creer, ni podemos imponerla

sobre nosotros mismos diciendo palabras que no pensamos que sean verdad. Esto es algo que sólo Dios puede damos, y que nos dará o tal

vez no nos dará cada vez que oramos.

Esta fe confiada a menudo llega cuando le pedimos a Dios algo y luego calladamente esperamos delante de él una respuesta.

Es más, Hebreos 11: 1 nos dice que «la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve». La fe bíblica nunca es una ilusión

vana ni una esperanza vaga que no tiene cimiento seguro sobre el cual apoyarse. Es más bien confianza en una persona, Dios mismo,

basada en el hecho de que creemos en su palabra y creemos lo que él ha dicho.

Esta confianza o dependencia en Dios, cuando tiene un elemento de seguridad o confianza, es fe bíblica genuina. Varios otros pasajes nos

animan a ejercer fe cuando oramos. «Si ustedes creen, recibirán todo lo que pidan en oración» (Mt 21: 22). Santiago nos dice que debemos

pedir «con fe, sin dudar» (Stg 1: 6). La oración nunca es una ilusión vana, porque brota de la confianza en un Dios personal que quiere que

le tomemos la palabra. Acepte a Jesús como su salvador personal y Él le dará la vida eterna.

Usted puede experimentar ese poder milagroso que obra en su vida cuando Dios le da soluciones a sus problemas, valor y fuerza para

enfrentar la adversidad, al igual que la paz mental, curación, perdón, amor y ánimo. Acepte a Cristo Jesús como su Salvador personal y el le dará la Vida Eterna

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