Sunday Morning Service

Nuevo Video: El Sermón de la Mañana #46 | Responsabilidad Cristiana



También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos. Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos.

1 Tesalonicenses 5:14-15

Notas de sermón:

Todos tenemos que responder por nuestras acciones de una manera o de otra. Responsabilidad es simplemente rendir cuentas por las acciones de uno. El cristiano no solamente tiene responsabilidades hacia si mismo y Dios, sino que también las tiene hacia sus semejantes. Tiene que cultivar su vida espiritual, para identificarse con sus semejantes y poder auxiliarles en sus necesidades, cualquiera que estas sean.  La gente que siente afinidad entre sí puede identificarse y compartir con un corazón comprensivo. La gente se siente a gusto compartiendo sus circunstancias, y puede ser aceptada completamente sin miedo al rechazo. Romanos 14:12 dice: «De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.» Un aspecto de la responsabilidad cristiana es animarse los unos a los otros para crecer en madurez espiritual. Hebreos 10:24 dice: «Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras.» 1ra de Tesalonicenses 5:11 dice: «…animaos unos a otros, y edificaos unos a otros…»

I.                   ORGANIZAR A LOS DESORDENADOS.

Léase aquí “desordenados” (versión 1909) y no ocioso (versión 1960) En el versículo 14 Pablo les dice que amonesten (noutheteo) a los ociosos. Esa

palabra “ociosos” es la palabra griega ataktos. El Diccionario Manual traduce a

este vocablo como que no está en su puesto, indisciplinado, desordenado,

confuso. El Dr. Bullinger traduce ataktos como fuera de rango, no

conservando el rango (como hacen los soldados) de aquí irregular, fuera de

orden, desordenadamente. La instrucción de Pablo a los tesalonicenses era que a aquellos que tenían estas

características, es decir que eran indisciplinados y que estaban fuera de orden

(ataktos), había que hacerles presente (noutheteo) la Palabra de Dios.

La palabra que se traduce “desordenados” se usaba antiguamente en referencia a soldados que abandonaban sus puestos sin dar una palabra de explicación a sus superiores. El principio de rendir cuenta ha existido desde la creación del mundo. En el huerto del Edén, Dios dio al primer hombre y a la primera mujer simples mandamientos: a cultivar el huerto, cuidarlo y abstenerse de comer del árbol del conocimiento del bien y del mal (Gn 2.15-17). Pero ellos fallaron y se escondieron para no dar cuentas a Dios. La humanidad ha estado repitiendo este mismo patrón a lo largo de la historia. Siempre nos resistimos a responder por nuestras acciones, porque se nos hace difícil, enfrentarnos a la humillación de reconocer que fallamos. Quienquiera que se niegue a rendir cuenta está caminando por un terreno peligroso. Sin embargo, acarrea responsabilidad, ya que nuestras acciones, palabras y actitudes nos afectan, tanto a nosotros como a los demás. Ser cristiano es un gran privilegio. Sin embargo, acarrea responsabilidad, ya que nuestras acciones, palabras y actitudes nos afectan, tanto a nosotros como a los demás. Rendir cuentas requiere responsabilidad, y por tanto nos motiva a vivir de acuerdo a nuestro llamamiento. Dios nos dio este regalo para protegernos de las decisiones equivocadas que acarrean consecuencias dolorosas. Tenemos el deber de vivir una vida a la altura de la vocación cristiana.

II.                ALENTAR A LOS DE POCO ANIMO.

Mientras el primer consejo está dirigido a los que están perdiendo su tiempo, el siguiente grupo precisa ánimo junto con suavidad. Ellos se desaniman fácilmente, por ejemplo, por la muerte de un ser querido.

Los que se encuentran sobrepasados por sus circunstancias no necesitan de sus hermanos más firmes ser regañados sino alentados a volver a la batalla. Es momento de ofrecerles un abrazo y decirles, “Ánimo, hermano”.

La Palabra de Dios dice: Que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos (1 Tesalonicenses 5:14). Lo único que se necesita para alentar a los demás es estar dispuesto a soportar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos (Romanos 15:1).

¡Qué amarga puede ser la vida cuando nadie nos da ánimo!

las palabras de ánimo pueden hacer mucho bien. Todos necesitamos recibir ánimo, especialmente cuando estamos creciendo. Hay personas que son inestables como consecuencia de experiencias desagradables tenidas en la infancia, Algunos padres no felicitan a sus hijos porque sus padres no los felicitaron a ellos y eso produce inestabilidad en los niños.

Satanás quiere desanimarnos porque sabe que así puede debilitarnos espiritualmente y de otras maneras.

“Jehová está cerca de los que están quebrantados de corazón; y salva a los que están aplastados en espíritu” (Sal. 34:18). Cuando el profeta Jeremías sintió miedo y se desanimó, Dios lo ayudó a tener confianza (Jer. 1:6-10). E imagínese lo bien que se sintió el profeta Daniel, ya anciano, cuando el ángel que Dios envió para fortalecerlo lo llamó “hombre muy deseable” (Dan. 10:8, 11, 18, 19). ¿Verdad que podríamos hacer lo mismo y animar a los hermanos que se sienten débiles?

Dios mismo consideró necesario animar a su querido Hijo mientras estaba en la Tierra solo. Jesús escuchó a su Padre decir desde los cielos: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mat. 3:17; 17:5). Dios felicitó así a Jesús y le aseguró que estaba haciendo las cosas bien. Seguramente él se sintió animado las dos veces que escuchó estas palabras, al principio de su ministerio y en su último año en la Tierra. Dios también envió un ángel para fortalecerlo la noche antes de su muerte, cuando se sentía muy angustiado (Luc. 22:43).

III.             SOSTENER A LOS DEBILES.

Pablo se refiere a los débiles espiritualmente y nos pide ayuda en soportarlos. Los débiles necesitan que los más fuertes en la fe no solamente tomen conciencia de su situación sino también que les ofrezcan apoyo. Expresado con la frase “Estoy contigo”.

El apóstol Pablo sabía lo que era verse afectado, y hasta debilitado, por presiones procedentes de dentro y fuera de la congregación. Más de una vez se sintió al límite de sus fuerzas (2 Cor. 1:8; 7:5). Vivimos en un mundo competitivo en el que se alaba la fuerza y la juventud. Todos los miembros de la congregación son útiles. Satanás quiere hacernos creer que no servimos y que no le importamos a Dios (Job 4:18, 19). He aquí, en sus siervos no confía, Y notó necedad en sus ángeles;

19 !!Cuánto más en los que habitan en casas de barro,
Cuyos cimientos están en el polvo,
Y que serán quebrantados por la polilla!

Probablemente seamos más comprensivos si recordamos que muchos de nuestros queridos hermanos se han debilitado por adversidades como la mala salud, la depresión o vivir en un hogar dividido. Algún día nosotros mismos podríamos encontrarnos en una situación parecida. Antes de entrar en la Tierra Prometida, Dios recordó a los israelitas —quienes habían sido pobres y débiles en Egipto— que no debían “endurecer [su] corazón” al ver sufrir a sus hermanos. Quería que ayudaran a los que eran pobres y débiles entre ellos (Deut. 15:7, 11; Lev. 25:35-38). Cuando haya en medio de ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en la tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano contra tu hermano pobre. Deuteronomio 15:7 Reina Valera 1960

Debemos “seguir vigorosamente” una actitud de amor cristiano. Nuestra actitud debe de demostrar el cambió en nuestro ser y estar reflejado en ser de ayuda aun cuando las circunstancias no son tan propicias.

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