Sunday Morning Service

Nuevo Video: El Sermón de la Mañana #50 | La Perseverancia



Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo”

Mateo 10:22

Notas de sermón:

No podríamos perseverar y no caer ante las tentaciones y las pruebas si no hay quién nos guíe y guarde nuestros pasos, a eso se le llama la perseverancia por la gracia de Dios. No se trata de ser fiel durante un tiempo, sino de ser “fiel hasta la muerte”. Necesitamos perseverancia, para que cuando hayamos hecho la voluntad de Dios recibamos Su promesa. La vida eterna es la promesa, pero para recibirla necesitamos permanecer fieles hasta el final. Aquellos que abandonen la carrera, aquellos que no perseveraron hasta el fin, sino que retroceden no recibirán la promesa.

I.                    LA PERSEVERANCIA ES EL DISTINTIVO DE LOS VERDADEROS SANTOS.

Es su señal escritural. ¿Cómo podemos conocer a un cristiano? ¿Qué dice nuestro Señor? “Por sus frutos los conoceréis”. Aunque las obras no justifican al hombre delante de Dios, sí justifican la actitud de un hombre delante de sus semejantes. Pero nuestras acciones dicen la verdad, y la dicen en voz alta, Dios prometió la venida y morada del Espíritu Santo en el creyente. Porque si bien Dios sabía de esos peligros en medio de los cuales será difícil mantener la firmeza, también nos dio el medio para sobreponernos y mantenernos fieles. Aquel que es verdadero soldado de Jesucristo no se va a involucrar en las cosas de la vida. En este contexto, se utiliza la palabra vida para referirse a las cosas del mundo, de la vida carnal o de la carne. El perseverar es sólo una evidencia del verdadero cristiano, pues el que no persevera hasta el fin, ni siquiera se considera si es salvo, porque la salvación no se alcanza por obras o méritos propios, sino por la gracia, y aquí es donde aparece la preservación de los santos, pues Dios no solo nos capacita para perseverar, sino que nos cuida, nos guía, para mantenernos firmes por medio de su Santo Espíritu.  Jesús estableció un criterio por el cual los verdaderos discípulos pueden ser distinguidos; y el criterio es la continuidad en la Palabra de Jesús.

II.                 EL BLANCO DE TODOS NUESTROS ENEMIGOS ESPIRITUALES.

La perseverancia marca la diferencia entre el fracaso y el éxito, se puede aplicar a todo lo que nosotros queramos, a la familia, a uno mismo y por supuesto a la vida de creyente en Cristo Jesús. Uno de los más grandes enemigos de la perseverancia es el negativismo, que nos induce a pensar que algo no se podrá hacer, y no lo podemos alcanzar. Sabemos que en el camino se presentarán muchas dificultades, pero estas solo podrán ser superadas si somos perseverantes. Si crees que la vida es fácil y por ende el éxito se debe conseguir de la misma manera, prepárate para fracasar. También debes entender que fracasar es parte de vivir y que no por eso debes lamentarte, toma los errores como experiencias y levántate” enfatizó la Coach Life, Jean Carla Saba. Generalmente tenemos excusas que justifican dejarlo todo para mañana, y recurrimos a nuestra zona de confort, en la que no tenemos que arriesgar ni tampoco perder nada. Así no tenemos que enfrentarnos a las consecuencias de nuestras acciones y decisiones. Resulta más cómodo así. La iglesia necesita, maestros de Escuela Bíblica Dominical, Evangelismo, y diversas posiciones, pero tenemos la excusa perfecta para no tomar ninguna acción que nos comprometa a realizar ese trabajo. La perseverancia es beneficiosa pues nos enseña mucho: forja el carácter y nos ayuda a conocernos más a nosotros mismos, nos ayuda a descubrir nuestros límites y aprender a escoger nuestras batallas.

III.               LA PERSEVERANCIA ES LA GLORIA DE CRISTO.

Lamentablemente en muchas congregaciones es preocupante el número de miembros que se retiran de la iglesia o que, sin llegar a abandonarla, viven una vida espiritual raquítica e infructuosa. Están llenos de dudas, por problemas de salud como la Pandemia o simplemente por indiferencia, más que “correr la carrera que les es propuesta” (Hebreos 12:1), parece que les es duro seguir los caminos del Señor. Como consecuencia, su testimonio tiene muy poco de atractivo para que sus prójimos no creyentes se interesen por el Evangelio. Siempre encontramos otras causas para “echarle la culpa” a nuestras derrotas, a nuestras frustraciones. Nada podemos lograr sin disciplina y perseverancia, en lo físico, en lo intelectual como en lo espiritual. La fe que cuenta para la salvación, no es la que desfallece, la que desiste y se rinde, sino la fe que persevera. Únicamente hay promesas para aquellos, para quienes perseveren en la fe hasta el fin. Esto significa que la fe no comienza y termina en un acto, sino que tiene que ver con una constante actitud ante Dios. La Salvación es algo maravilloso, y debo estar seguro que ni el pecado, ni mi indiferencia, ni mis fallas, ni mi apatía, ni mi debilidad me harán perderme por completo. “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?” (Ro. 8:35) “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. 24 Fiel es el que os llama, el cual también lo hará” (1 Tesalonicenses 5:23-24).

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