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Nuevo Video: El Sermón de la Mañana #78 | La Humanidad De Cristo



El nacimiento de Jesús, el Cristo, fue así: Su madre, María, estaba comprometida para casarse con José, pero antes de unirse a él, resultó que estaba encinta por obra del Espíritu Santo

Mateo 1:18

Notas de sermón:                                 

Jesucristo era completamente Dios y completamente hombre en una sola persona, y lo será para siempre. La Biblia, hablando de la encarnación del Señor Jesús, establece con la
misma fuerza su divinidad y su humanidad.
Se trata de un misterio que lo aceptamos sin comprender:
por una parte Cristo es Dios, el Enviado del Padre, y por otra
proviene de la descendencia de la mujer (Génesis 3:15) Cristo fue tan perfectamente Dios como hombre, y esto desde su nacimiento
hasta la muerte en la cruz del Calvario. Desde el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, se manifiesta el milagro
de esta unión de su humanidad y de su divinidad. Aunque nació de mujer,
fue concebido por el Espíritu Santo en el vientre de una virgen escogida
por Dios (Lucas 1:35). Si bien fue “hecho semejante a los hombres”
(Filipenses 2:7) se mantuvo como “Dios… manifestado en carne”
(1 Timoteo 3:16).

I.                     LA HUMANIDAD DE CRISTO

Cuando hablamos de la humanidad de Cristo es apropiado empezar hablando del nacimiento virginal de Cristo. Las Escrituras claramente afirman que Jesús fue concebido en el vientre de su madre María mediante la acción milagrosa del Espíritu Santo y sin padre humano.

«El nacimiento de Jesús, el Cristo, fue así: Su madre, María, estaba comprometida para casarse con José, pero antes de unirse a él, resultó que estaba encinta por obra del Espíritu Santo» (Mt 1: 18). Poco después de eso un ángel del Señor le dijo a José que estaba desposado con María: «José, hijo de David, no temas recibir a María por esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo» (Mt 1: 20). Luego leemos que José «hizo lo que el ángel del Señor le había mandado y recibió a María por esposa. Pero no tuvo relaciones conyugales con ella hasta que dio a luz un hijo, a quien le puso por nombre Jesús» (Mt 1: 24-25).

Una de las razones para el nacimiento virginal de Jesús es que lo identificó como el Mesías. Isaías 7:14 profetizó que una virgen quedaría encinta. Desde que se hizo esta profecía, los judíos habían esperado esa señal en particular. Dios usa milagros para validar a sus mensajeros. Un nacimiento virginal es una poderosa validación.

Otra razón para el nacimiento virginal es que tener un padre biológico habría anulado la deidad de Jesús. No podía haber sido el hijo de José y el Hijo de Dios al mismo tiempo. Toda persona nacida del hombre ha heredado la naturaleza pecaminosa de Adán (Romanos 5:12, 17, 19). Fue sólo como Dios que Jesús podía ser el sacrificio perfecto por el pecado, por lo que fue el Espíritu Santo quien concibió a Jesús (Lucas 1:35).

El nacimiento virginal es también una imagen de nuestro papel en la salvación: la aceptación. José no tuvo parte alguna en la concepción de Jesús. El papel de María era pasivo; ella simplemente aceptó el regalo de Dios. Como Efesios 2:8-9 dice, la obra de la salvación se realiza sólo por Dios. Ni tampoco la santidad ni la salvación pueden ser logradas por el esfuerzo humano.

“En el principio era el Verbo…y aquel Verbo fue hecho carne” (Juan 1:1a, 14a), y ese Verbo [Cristo] que en el principio era y se hizo carne “…es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8). Por lo tanto, Cristo es eterno. Él existía antes de haberse encarnado en el vientre de María y nacer como un niño en Belén. Él tenía que ser humano. Isaías así lo había profetizado: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado…” (Isaías 9:6a). Pero al mismo tiempo el profeta declara que Él sería “…Dios fuerte, Padre eterno…” (Isaías 9:6b).  ¿Cómo podía el Padre eterno ser a la misma vez hijo? ¿Cómo podía el Dios fuerte a la misma vez ser un débil niño? Solo había una manera, el niño tendría que ser Dios encarnado. Así que la milagrosa concepción de Jesús fue el instrumento para la encarnación, para que el Cristo preexistente, el Dios Eterno, tomara forma humana. Jesús por lo tanto, aunque tuvo en María el instrumento humano necesario para ello, no tuvo un padre terrenal, sino que el Espíritu Santo realizó el milagro de engendrar y preparar el cuerpo humano en el que Cristo habría de nacer como un bebé. El nacimiento virginal de Cristo no fue una inesperada sorpresa. En los inicios de la raza humana, inmediatamente después de la caída de Adán y Eva, Dios le hizo una promesa de juicio a Satanás cuando dijo: “ y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15).

II.                   LA SALVACIÓN DEBE VENIR DE PARTE DEL SEÑOR.

Como Dios había prometido que la «simiente» de la mujer (Gn 3:15) destruiría al final a la serpiente, hizo que esto sucediera mediante su poder, no por medio del esfuerzo humano. El nacimiento virginal de Cristo es un recordatorio inconfundible de que la salvación nunca llega mediante el esfuerzo humano, sino que es obra de Dios mismo. Nuestra salvación solo se produce a través de la obra sobrenatural de Dios, y eso se hizo evidente al principio de la vida de Jesús cuando «Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos» (Gá 4:4-5). Esta promesa se constituiría además en anuncio a la humanidad a través de los siglos, que el día vendría cuando uno “nacido de mujer” (Gálatas 4:4), quien sería herido por Satanás mas no destruido, le daría al maligno el golpe definitivo para convertirse en aquel que “ha vencido” (Apocalipsis 5:5) sobre Satanás, el pecado, la muerte y el infierno mismo, constituyéndose ésta en la primera promesa de salvación, la primera palabra de gracia dada a la humanidad, aun antes que el primer hombre muriera físicamente. Miles de años más tarde, todavía seiscientos años antes de su cumplimiento, el profeta Isaías, inspirado por el Espíritu Santo, dio testimonio de cómo sería el nacimiento de aquella simiente prometida: “…la virgen concebirá, y dará a luz un hijo…”(Isaías 7:14). La doctrina del nacimiento virginal de Cristo está relacionada a la doctrina de la Divinidad de Cristo y la Salvación del Hombre.

Él, por su propia voluntad, nos hizo nacer de nuevo: Dios es soberano. Él es libre de hacer lo que quiere. Dios es soberano incluso sobre la salvación (Romanos 8:29-30). 29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 30 Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó.

Él por su propia voluntad nos hizo nacer de nuevo. Él tomó la iniciativa en nuestra salvación. Existe un misterio en lo que respecta a nuestra salvación. Dios es soberano sobre ella, pero requiere que nosotros nos arrepintamos y creamos. Esta es una decisión real que debemos tomar y por la cual somos responsables. Pero debemos ser humildes y reconocer que nada escapa de su control (Romanos 9:20). Es más, si no fuera por su intervención divina, no podríamos jamás buscarlo, ya que la misma Biblia nos dice «Nadie busca a Dios» (Salmos 14:1-3) Éste es el cumplimiento de las profecías hechas por Malaquías cuando el Señor dijo «Serán para mi especial tesoro, dice el SEÑOR de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve.» (Mal. 3:17 RV60) y a Jeremías cuando El Señor le dijo (Jeremías 31:33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.). El Señor ha actuado. En la encarnación, Dios se reveló en Jesús y en la cruz nos compró con su sangre.

Dios creó a la humanidad y quiere ganar al hombre por completo. Ya que está salvando a la humanidad, quiere apartarla por completo de las garras de Satanás. Por eso Dios ha preparado la salvación de los últimos días para nosotros. Tal como está escrito en la Biblia: “Que sois protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo” (1 Pedro 1:5). “Así también Cristo, habiendo sido ofrecido una vez para llevar los pecados de muchos, aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvación de los que ansiosamente le esperan” (Hebreos 9:28). “Por tanto, ceñid vuestro entendimiento para la acción; sed sobrios en espíritu, poned vuestra esperanza completamente en la gracia que se os traerá en la revelación de Jesucristo” (1 Pedro 1:13). Solamente Dios nos llama al arrepentimiento y esto por medio de su amor y su bondad (ROMANOS 2:4) Al reconocer su cuidado y protección sobre nuestra vida aun sin merecerlo. El perdón y acceso a la vida eterna viene solo de Jesucristo. El Señor Jesús ya te ha dado el perdón cuando Él se entregó a morir por ti en la cruz. Y cuando resucitó, te dio el derecho de entrar a morar en la vida eterna. Solo tienes que creerlo y desearlo en tu corazón. Pero hazlo pronto, mientras el Señor pueda ser hallado.

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