Sunday Morning Service

El Sermón de la Mañana #5 – Conocimiento De Dios



Porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó.”

Romanos 1:19

Notas de sermón:

El cristianismo es único en el mundo por varias razones, una de las cuales es que nuestro Dios es relacional. Él nos ha dado su Palabra para que podamos conocerlo de manera más precisa y personal. Además, usa todo tipo de situaciones de la vida para enseñarnos quién es. La sabiduría y el conocimiento de Dios infunden admiración en los humildes. Esto es un hecho. Pero la Biblia indica que se necesita más que admiración para obtener verdadero provecho de la sabiduría y el conocimiento de Dios:  Proverbios 2:1-5  1. Hijo mío, si recibieres mis palabras, Y mis mandamientos guardares dentro de ti, 2. Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; Si inclinares tu corazón a la prudencia, 3. Si clamares a la inteligencia, Y a la prudencia dieres tu voz; 4. Si como a la plata la buscares, Y la escudriñares como a tesoros, 5. Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios.  Wayne Grudem lo define así:

I.                     LA NECESIDAD DE QUE DIOS SE REVELE A NOSOTROS.

Para poder conocer a Dios de alguna manera, es necesario que él se revele a nosotros. Incluso al hablar de la revelación de Dios que viene mediante la naturaleza, Pablo dice que lo que se puede conocer de Dios es claro para el ser humano «pues él mismo se lo ha revelado» (Ro 1: 19). La creación natural revela a Dios porque él escogió revelarse de esta manera. Respecto al conocimiento personal de Dios que viene en la salvación, esta idea es incluso más explícita. Jesús dice: «Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo» (Mt 11: 27). Esta clase de conocimiento de Dios no se halla mediante esfuerzo o sabiduría humana y, «Dios, en su sabio designio, dispuso que el mundo no lo conociera mediante la sabiduría humana» (1ª Co 1: 21; 1ª Co 2: 14; 2ª Co 4: 3-4; Jn 1: 18). La necesidad de que Dios se revele a sí mismo a nosotros se ve en el hecho de que los pecadores interpretan mal la revelación de Dios que se halla en la naturaleza. Los que «con su maldad obstruyen la verdad» son los que «se extraviaron en sus inútiles razonamientos, y se les oscureció su insensato corazón. Cambiaron la verdad de Dios por la mentira» (Ro 1: 18, 21, 25).

Por consiguiente, necesitamos la Biblia para poder interpretar correctamente la revelación natural. Cientos de religiones falsas en el mundo son evidencia de la manera en que los pecadores, sin la dirección de la Biblia, siempre entienden mal y distorsionan la revelación de Dios que se halla en la naturaleza. Pero sólo la Biblia nos dice cómo entender el testimonio de Dios en la naturaleza. Por consiguiente, dependemos de la comunicación activa de Dios a nosotros en la Biblia para un conocimiento verdadero de Dios.

II.                  NUNCA PODREMOS ENTENDER COMPLETAMENTE A DIOS

Debido a que Dios es infinito y nosotros somos finitos o limitados, nunca podremos entender completamente a Dios. En este sentido se dice que Dios es incomprensible en donde el término incomprensible se usa en el sentido más antiguo y menos común, «que no se puede entender totalmente». No es cierto decir que no se puede entender a Dios, pero sí es cierto decir que no se le puede entender plena o exhaustivamente.

El Salmo 145 dice: «Grande es el Señor, y digno de toda alabanza; su grandeza es insondable» (Sal 145: 3). La grandeza de Dios está más allá de toda búsqueda o descubrimiento; es demasiado grande para que se pueda conocer por completo. Respecto al entendimiento de Dios, el Salmo 147 dice: «Excelso es nuestro Señor, y grande su poder; su entendimiento es infinito» (Sal 147: 5).

Nunca podremos medir o conocer por completo el entendimiento de Dios; es demasiado grande para que lo podamos igualar o comprender. De modo similar, al pensar en que Dios conoce todos sus caminos, David dice: «Conocimiento tan maravilloso rebasa mi comprensión; tan sublime es que no puedo entenderlo» (Sal 139: 6; v. 17).

Pablo implica esta incomprensibilidad de Dios cuando dice que «el Espíritu lo examina todo, hasta las profundidades de Dios», y luego pasa a decir que «nadie conoció las cosas’ de Dios, sino el Espíritu de Dios» (1ª Co 2: 10-12, RVR 1960). Al final de una larga consideración de la historia del gran plan de redención divina, Pablo irrumpe en alabanza: «Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos!» (Ro 11: 33).

Estos versículos nos permiten llevar nuestro entendimiento de la incomprensibilidad de Dios un paso más adelante. No sólo es cierto de que nunca podremos entender plenamente a Dios; también es cierto que nunca podremos entender completamente ni una sola cosa en cuanto a Dios. Su grandeza (Sal 145: 3), su entendimiento (Sal 147: 5), su conocimiento (Sal 139: 6), sus riquezas, sabiduría, juicios y caminos (Ro 11: 33), todo está más allá de nuestra capacidad de entender completamente.

III.                SIN EMBARGO, PODEMOS CONOCER A DIOS VERDADERAMENTE

Aunque no podemos conocer exhaustivamente a Dios, sí podemos conocer cosas ciertas de Dios. De hecho, todo lo que la Biblia nos dice de Dios es cierto. Es verdad decir que Dios es amor (1ª Jn 4:8), que Dios es luz (1ª Jn 1:5), que Dios es espíritu (Jun 4: 24), que Dios es justo (Ro 3: 26), etcétera. Decir esto no implica ni exige que lo sepamos acerca de Dios o de su amor, o de su justicia, o de algún otro atributo.

Cuando yo digo que tengo tres hijos, esa afirmación es enteramente verdad, aunque no lo sé todo en cuanto a mis hijos; ni siquiera en cuanto a mí mismo. Es lo mismo en cuanto a nuestro conocimiento de Dios; tenemos conocimiento verdadero de Dios en la Biblia, aunque no tenemos conocimiento exhaustivo. Podemos conocer algunos de los pensamientos de Dios, e incluso muchos de ellos, partiendo de la Biblia, y cuando los sabemos nosotros, como David, hallaremos que son «preciosos» (Sal 139: 17).

Incluso más significativo, es a Dios mismo a quien conocemos, y no simplemente hechos en cuanto a él o lo que él hace. En nuestro ordinario uso del idioma hacemos una distinción entre saber de una persona, y conocer a la persona. Sería verdad si digo que sé muchas cosas en cuanto al presidente de los Estados Unidos de América, pero no sería cierto si digo que lo conozco. Decir que lo conozco implicaría que me he encontrado con él, y hablado con él, y que he cultivado por lo menos algún grado de relación personal con él. Leemos las palabras de Dios en Jeremías: «Que No Se Gloríe El Sabio De Su Sabiduría, Ni El Poderoso De Su Poder, Ni El Rico De Su Riqueza. Si Alguien Ha De Gloriarse, Que Se Gloríe De Conocerme Y De Comprender Que Yo Soy El Señor, Que Actuó En La Tierra Con Amor, Con Derecho Y Justicia, Pues Es Lo Que A Mí Me Agrada», Afirma El Señor Jer 9: 23-24).

Aquí Dios dice que la fuente de nuestro gozo y sentido de importancia debe venir no de nuestras capacidades o posesiones, sino del hecho de que le conocemos. Acepte al Señor Jesús ahora, le invito a que encontremos al Señor en este día.

Te exaltaré, mi Dios, mi Rey,
    Y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre.

Cada día te bendeciré,
Y alabaré tu nombre eternamente y para siempre.

Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza;
Y su grandeza es inescrutable. Salmo 145:1-3

1 comentario en “El Sermón de la Mañana #5 – Conocimiento De Dios”

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