Blog diario

DESALIENTO

pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”

Isaías 40:31

En algún momento de nuestras vidas nos hemos sentido un tanto agotados, agobiados, circunstancias que parecería no tienen fin. Es en estos momentos difíciles que debemos acudir a nuestro Padre Celestial para vencer el desánimo y retomar la motivación para seguir adelante.

Mientras un avión está estacionado en la pista, está pegado a la tierra por la ley de la gravedad. Pero luego, el piloto echa a andar los motores, oprime el acelerador y el avión comienza a moverse hacia adelante. Cuando su velocidad alcanza lo que es conocido como “la velocidad crítica”, la ley de la aerodinámica entra en acción y lo impulsa hacia arriba con una fuerza mayor que la fuerza de la atracción de la gravedad. El avión es liberado de la tierra y se eleva hacia el cielo. La ley de la gravedad no fue abrogada. La atracción que ejercía hacia abajo sobre el avión no disminuyó, pero una fuerza superior fue puesta en acción y el poder de la gravedad fue vencido. En una forma similar el cristiano con frecuencia es cautivo de un triste estado de derrota y desaliento por causa de la atracción de la ley del pecado y de la muerte en su naturaleza carnal humana (Rom. 7:14-24). Pero cuando él se abandona al control del Espíritu Santo encuentra la libertad. La ley del pecado y de la muerte no es abrogada. Continúa arrastrándonos hacia abajo por toda la vida. Pero la l ey del Espíritu de vida en Cristo Jesús entra en acción y nos impulsa hacia el cielo con una fuerza más grande que la de la ley del pecado y de la muerte. Y el creyente es levantado de la derrota y de la desesperación mencionada en Romanos 7, a la victoria y a la esperanza mencionada en Romanos 8. James Crane (501 ilustraciones)

Cuando hemos perdido nuestro principal objetivo, el desánimo nos advierte que nos hemos alejado de Dios, dejemos que El Espíritu Santo reajuste nuestras expectativas. “¿Por qué te abates, oh alma mía, Y te turbas dentro de mí? Espera en Dios porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío. Salmo 42:5

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