Sunday Morning Service

Nuevo Video: El Sermón de la Mañana #39 | Benignidad



Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,»

Gálatas 5:22

Notas de sermón:

La benignidad es una cualidad divina, quien es engendrado por Dios y recibe su vida mostrará necesariamente esta virtud espiritual.

I.                     LA BENIGNIDAD EN RELACION A DIOS

La benignidad de Dios es universal ya que Dios es bondadoso aun con los ingratos y malos: Amad a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque Él es benigno para con los ingratos y malos. Lucas 6:35

La palabra griega que se traduce para benignidad es “la divina benignidad con la cual Dios actúa hacia la humanidad. Es a lo que se refiere (Antiguo Testamento) cuando constantemente dice: ‘Dios es bueno’. Los cristianos deberían mostrar benignidad al comportarse con los demás, de la misma manera que Dios se ha comportado con ellos”. Básicamente significa “hacer obras pensadas para los demás”.

El apóstol Pablo habló de vestirnos “de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” (Colosenses 3:12).

 Las Palabra de Dios nos muestra que la misericordia y la benignidad de Dios se manifestaban a través de personas que eran inspiradas por Él. Dios envió mensajeros y profetas para que trataran de ayudar a la gente.

Dios quiere que seamos como Él y si seguimos su ejemplo y somos misericordiosos y benignos como Él lo es, lograremos imitarlo.

En Efesios 4:32 dice: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”.

El propósito del Espíritu de Dios es que nos parezcamos más a Cristo; es guiarnos a toda verdad y a vivir vidas santas, que representen bien el carácter de Jesús. Y uno de los efectos que el Espíritu produce en nosotros es el de la benignidad.

Si Dios es benigno, podemos tener la certeza de que Jesús también lo es. Él es la representación exacta del Padre.

II.                   LA BENIGNIDAD EN RELACION AL CREYENTE.

Dios quiere que como cristianos seamos benignos unos con otros.

Lamentablemente por causa del pecado nuestro corazón es malo y desde el principio el hombre se ha desviado de los caminos de Dios haciendo lo que le desagrada: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”, (Génesis 6:5).

Siendo así, difícilmente el hombre puede ser benigno por el hecho de ser un ente egoísta. Sin embargo, el Señor transforma el corazón del cristiano por medio del poder del Espíritu Santo con el fin de que produzca el fruto deseado:

 “Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne. Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes”, (Ezequiel 36:26-27, NVI).  Una vez que el poder de Dios transforma nuestro corazón duro, es nuestra responsabilidad cultivar el atributo de benignidad desechando todo aquello que dañe las relaciones que podemos tener con los demás:

Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.

Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Efesios 4: 31-32

La benignidad es una virtud que sobresale en un mundo de crueldad y egoísmo. Es una cualidad atractiva, la cual no solo se expresa en nuestro rostro, sino también por medio de nuestras palabras y acciones.

El Espíritu Santo que mora en nosotros hace uso de la benignidad para bendecir la vida de los que nos rodean.

  Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor. 1 Pedro 2:1-3

Debemos preocuparnos más por los demás, y menos por nosotros mismos.

seamos sensibles a las necesidades de quienes nos rodean y listos a ayudarlos con nuestras palabras y acciones.

Romanos 2.4: “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?”. La benignidad de Dios conduce al arrepentimiento.

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