Sunday Morning Service

El Sermón de la Mañana #99 | BIENAVENTURADOS LOS DE LIMPIO CORAZON



Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.»

Mateo 5:8

Pastor Juarez

Notas de sermón:                                 

Personas bienaventuradas son personas felices. Aquellos que tienen un corazón limpio son felices porque no dejan entrar nada de impureza a su corazón la cual los volvería tristes. Charles Spurgeon nos dice: «Bienaventurados los pobres en espíritu», porque Cristo estaba tratando con los espíritus de los hombres, con su naturaleza interna y espiritual. Hizo más o menos lo mismo con cada Bienaventuranza, y la sexta da en el propio centro del blanco, puesto que no dice: «Bienaventurados los de limpio lenguaje, o los de limpia acción,» y mucho menos: «Bienaventurados los de limpias ceremonias, o los de limpio vestido, o los de limpio alimento», sino que dice: «Bienaventurados los de limpio corazón.» Hemos escuchado a algunas personas decir que quieren ser felices y no hay ninguna que diga que no quiere ser feliz. Pero la mayoría no están dispuestos a hacer lo que sea necesario para ser limpios de corazón. El Salmo 24:3-4 dice: “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? El limpio de manos y puro de corazón; El que no ha elevado su alma a cosas vanas, Ni ha jurado con engaño”. Esto surge cuando hemos comprendido las Bienaventuranzas anteriores y hemos aceptado el grado de impureza en el cual nos encontramos antes de aceptar a Cristo como Señor y Salvador. El dicho común dice: Como te ven te tratan, si te ven mal te maltratan, esta es la realidad de nuestra sociedad, que todos están mirando al otro, de acuerdo a como lo ven lo tratan, el hombre mira el exterior y saca conclusiones mirando el exterior, pero Dios mira el corazón del hombre, nos mira por adentro por eso Jesucristo dice: “Bienaventurados los de limpio corazón”.

I.                     LA IMPUREZA DE CORAZON NOS PRODUCE OSCURIDAD EN LA VIDA

En la Biblia, el corazón es el centro de todas las partes de la existencia humana. Como en el Proverbio, «guarda tu corazón, porque de él mana la vida». Por eso, en la imaginación de los profetas hebreos, la única esperanza para la humanidad es la renovación total del corazón humano. Moisés predijo que, si Israel alguna vez amaría realmente a su Dios, tendría que ser «circuncidado», una metáfora sorprendente de eliminar el mal y la obstinación del corazón humano. David, después del asesinato y el adulterio, suplica a Dios que «cree en mí un corazón puro». Ezequiel esperaba un día en que Dios «quitara el corazón de piedra» y le diera a su pueblo un «corazón nuevo de carne suave».

La ceguera espiritual es la cara de la naturaleza humana caída, y es la causa de la cual la persona se encuentra completamente incapacitada para poder comprender las verdades espirituales. Si vemos el estado de las cosas en el mundo actual, impresiona profundamente la creciente enfermedad de la ceguera espiritual. La ceguera espiritual consiste en no ver la vida como Dios la ve, y como resultado lógico es no entender las cosas espirituales. Porque si somos capaces de reconocer nuestros pecados en una actitud humilde, eso nos prepara a recibir el perdón de Dios. Cuando caminamos en la oscuridad, nos damos por satisfechos de nosotros mismos; pensamos que no tenemos necesidad de salvación, eso es oscuridad. Y cuando usted está en ese camino es muy difícil echar marcha atrás. El apóstol Juan nos hace ver lo que es caminar en oscuridad: Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. 9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 10 Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. 1 Juan 1:8-10

Jesús nos invita a buscar la santidad y la luz: «Sean santos». «Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.» 1 Pedro 1: 15-16.

Tenemos que buscar la santidad. Pero si confesamos nuestros pecados, Él es fiel, es justo hasta perdonarnos los pecados y purificarnos de toda iniquidad. Y nos presenta a Jesús, tan fiel, tan justo que nos perdona». Nos gusta pensar que somos buenos y justos, pero en nuestro interior sabemos que cometemos errores e injusticias. Mentimos y causamos dolor a otros por causa de nuestro egoísmo. Pero el Señor ha provisto la manera de reconciliarnos para restaurar nuestra relación con él. Esto es lo que tenemos que hacer expresando y reconociendo las cosas malas que hemos hecho, y confesarlas a Dios. Él conoce todo y ya lo sabe. Pero nosotros necesitamos aceptar en humildad delante de él que le hemos fallado y que hemos hecho cosas que son malas y que van en contra de su deseo para nosotros. En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, 8 que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, Efesios 1:7-8 Gracias a la obra de Jesús ya el pecado que nos separaba de Dios no tiene más poder sobre nosotros. No somos más sus esclavos. Ahora pertenecemos al reino de Jesús, reino de luz, de perdón y libertad. ¡Qué gozo más grande! Él nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención, el perdón de pecados. (Colosenses 1:13-14)

II.                   LOS DE LIMPIO CORAZON VERAN A DIOS.

Para Dios el “corazón” es lo profundo del ser de cada persona, y nos dice que del corazón emana la vida, los pensamientos, las acciones, las actitudes, el amor a Dios y al prójimo, y es importante agregar que solo Dios puede transformar el corazón del hombre caído, el corazón duro, necio, que se aleja de toda Verdad.

Si es posible en esta sociedad para el hombre, tener un corazón limpio, porque sin esa actitud, nadie podría llegar a ver a Dios (Mateo 5:8), y las palabras que salieron de la boca de nuestro Señor Jesús no tendrían ningún significado para nosotros. La limpieza en un sentido moral, significa estar libre de la contaminación y del dominio del pecado. Nuestro Señor limpia nuestro corazón, todo el interior de nuestro ser, y esa limpieza nos renueva y nos capacita para vivir agradando a Dios. Es una cualidad de Dios, es parte de su ser y nos la comparte, con ese corazón limpio que fue dado a los ángeles y a Adán y Eva antes de la caída, de manera que los seres humanos la perdimos por el pecado, y la plenitud de vida que será alcanzada cuando estemos en el estado de glorificación total, cuando hayamos terminado nuestro caminar por este mundo, que se nos ha concedido en Cristo mediante la justificación por medio de la fe que es en Cristo. Cuando seamos declarados justos, libres de culpa y de condenación, gracias a la perfecta justicia de Cristo que nos cubre. Si no creemos en sus palabras, no tiene sentido, esta afirmación, sería totalmente falsa. Por lo tanto, es completamente posible por medio de una fe viva tener un corazón limpio todos los días, mientras estemos viviendo en esta sociedad. Solamente los de corazón limpio entrarán a la nueva Jerusalén, Ap. 21:27, y solo hay una forma de purificar y desmanchar aquello que por naturaleza es engañoso e imperfecto, y esta forma es por la sangre del cordero de Dios, Ap. 22:14. Nadie puede tener un corazón puro y sin mancha sino es lavado en la sangre de Cristo, tiene que recibir la limpieza de Dios, que haya tenido hambre y sed de justicia y haya sido saciado por Dios. Solo el de corazón puro puede amar al Señor con todo su corazón y con toda su alma. El ser limpio implica ser: sincero, transparente, sencillo, bondadoso, puro, sin doblez, significa además devoción para con Dios, lo que manifestará un corazón sin hipocresía. Sólo los de limpio corazón verán a Dios: lo ven ahora con los ojos de la fe y verán su gloria en el día del Señor.

III.                 UN CORAZON LIMPIO ES OBRA DE DIOS.

Esa es la pureza que es producida en nosotros mediante el nuevo nacimiento. Se manifiesta en deseos y objetivos santos, y respetar la ley de Dios, venir a la adoración y el servicio a Él y a nuestro prójimo, ésta es la obra de Dios en nosotros mismos.

Jesús dice “bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”. Este es el objetivo más maravilloso y glorioso del creyente. Esta es la esperanza por la cual el creyente busca la divinidad. Es la promesa que el creyente tiene, y le hace purificarse a sí mismo por medio de Cristo, y buscar la santidad sin la cual nadie verá a Dios, 1 Jn. 2:2-3, Sal. 17:15. Es la que se alcanza ‘Limpiándonos a nosotros mismos de toda inmundicia de carne, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.’ 2 Corintios 7:1. Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios. Nos alejamos del pecado conforme nos esforzamos por vivir santamente en el día a día. Y es aquí donde empezamos a formar parte de “los limpios de corazón”. Es esta pureza práctica la que nos hace crecer espiritualmente, ser cada vez más parecidos a Cristo, ser verdadera luz y sal en medio de un mundo caído y oscuro por el pecado. Dios nos limpia dándonos un nuevo corazón y este maravilloso milagro es una obra de Gracia fruto del amor de Dios hacia los suyos.  Ezequiel 36:26-27 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra. Es Dios quien hace toda la obra: Él da, Él pone y Él quita, y nosotros solo recibimos. Y solamente Él, en su infinita gracia, nos da nueva vida, para que cambiemos nuestra manera de pensar, y cumplamos su voluntad, y dejemos de ser infieles y desobedientes con Él. Y pone su Santo Espíritu en nosotros para que podamos obedecer su Palabra y caminar de acuerdo a sus mandamientos. Es por todo eso que podemos ser considerados de limpio corazón, y tener la certeza que vemos a Dios en todo nuestro andar y le veremos eternamente. Ahora somos llamados hijos de Dios, con un corazón limpio que puede comunicarse viendo a Dios, porque ya no vivimos conforme los deseos pecaminosos de la carne, deseos que siempre nos conducen a perdición, que nos engañan y nos alejan de la Verdad, ahora, por la misericordia divina, somos guiados por el Espíritu Santo a toda Verdad y santidad. Salmo 51:10-12 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí.  No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente. Mientras tengamos una naturaleza pecaminosa en nuestro ser, será imposible ver a Dios aun en pequeñas cosas, como quizá anhelamos, Pero podemos ver a Dios en el sentido de conocer a Dios, de estar conscientes de su presencia y poder. Y podemos ver a Dios en toda su gloria, mediante la revelación de su Palabra que nos permite conocerlo a lo largo de la historia de la humanidad, con todas sus obras y milagros. También vemos a Dios en las circunstancias de la vida resolviéndolas, viendo como nos alimenta, nos protege de nuestra fragilidad, nos guía, nos consuela, cómo hace cumplir sus promesas.

Bienaventurados los de limpio corazón porque ellos verán a Dios, y lo verán porque han sido renovados, transformados, nacidos de nuevo. Y con ese nuevo corazón ahora, pueden reconocer a Dios en la creación, en las Escrituras, en las circunstancias de la vida, Pero de manera maravillosa, todos los limpios de corazón verán a Dios cara a cara, en aquel día glorioso. Vemos a Dios en la creación, en su providencia divina que no permite que esa creación se destruya y la vida sea aniquilada. Pero para poder verlo de esa manera, es necesario tener un corazón limpio, regenerado, un corazón nuevo que le pueda reconocer en todos los caminos. Porque el verdadero cristianismo está en el corazón, en la pureza del corazón, en lavar de maldad el corazón. Ver Jeremías 4:14. Lava tu corazón de maldad, oh Jerusalén, para que seas salva. ¿Hasta cuándo permitirás en medio de ti los pensamientos de iniquidad? ¿Qué es tener un corazón limpio? Nosotros somos pecadores y nuestro corazón es engañoso y perverso. ¿Cómo podemos limpiarlo? Solo a través de Jesús, él es el único que puede cambiar nuestro corazón. Debemos desechar de nuestro corazón todo fingimiento, hipocresía, engaño y mentira. La condición es andar en la luz, vivir con sinceridad, en transparencia confesar nuestros pecados y no ocultar nada. Y en esa condición de transparencia, sinceridad y arrepentimiento, la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado 1 Juan 1:7-9. pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. 8 Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. 9 Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. 1

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