Sunday Morning Service

El Sermón de la Mañana #108 | LOS CUATRO SERES VIVIENTES



6 Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra. 7 Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. 8 Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; 9 y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; 10 y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra. 11 Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones, 12 que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. 13 Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. 14 Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos.

Apocalipsis 5:6-14

Pastor Juarez

Notas de sermón:                                 

En la cultura griega se habla de monstruos, para diferentes historias que forman parte de la mitología. En todas las épocas, la existencia de monstruos míticos formaba parte de los relatos fantásticos de las diferentes culturas.

Mientras que las bestias de Apocalipsis 12-13 se describen como los enemigos de Dios, mientras que a los “cuatro seres vivientes” se los ve rodeando el trono de Dios (Apocalipsis 4:6-8). Son aliados de Dios, y una revisión más cercana muestra que no son monstruos en realidad. En algunas traducciones antiguas se usa la expresión “bestias” para describir a estos seres, pero en el original griego se los nombra como “seres vivientes”. Es decir, no tienen la apariencia terrible que implica el término de “bestias”. Ese término se reserva para los agentes del mal en Apocalipsis 13 y 14, que no tienen el privilegio de estar ante el trono de Dios.

Los textos que describen a estas criaturas no señalan que sean figurativas, sino que son seres reales, auténticos. Los cuatro seres vivientes (literalmente «seres» Zoon seres vivientes) son una categoría de seres especiales y sublimes. Esto queda claro por su proximidad al trono de Dios. Ezequiel 1:12-20 sugiere que están en constante movimiento alrededor del trono. Se postran y adoran al Cordero, Jesucristo, ofreciéndole la misma reverencia que le ofrecieron al Padre (Apocalipsis 4:8), lo cual demuestra fehacientemente la deidad de Jesucristo. Apocalipsis 4: 6-9  Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás.  El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo, era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando. Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos;( Con frecuencia ojo se refiere al discernimiento y la comprensión espiritual (Salmo 19:8; Efesios 1:18). Otras expresiones hablan del ojo como indicación del carácter (Salmo 131:1; Proverbios 22:9; Mateo 20:15). Este órgano del cuerpo humano es relacionado muchas veces en la Biblia con la capacidad de conocer y discernir). y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. Y siempre aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos.

También algunos estudiosos le encuentran similitud de estos seres vivientes con Cristo: El león, representa el linaje o sacerdocio del cual desciende Jesús, es el papel de sacerdote sin principio de días ni fin de ellos, al mismo tiempo que a Jesús se le conoce como el león de Judá. El becerro o buey simboliza el sacrificio, el Cordero sin mancha que habría de ser sacrificado por nosotros; el hombre representa la condición humana de Jesús mientras estuvo en la tierra, mientras que el Águila la parte de la deidad. Jesús tuvo estas cuatro características durante su vida, fue Dios, pero fue Hombre, fue siervo, pero también fue Rey, eso es lo que representan los cuatro seres vivientes, Esequiel incluso describe sus pies como unos que andan derechos, y siempre hacia adelante hacia donde lo mueva el Espíritu.

I.                    EXCELSO OFICIO DE MEDIADOR.

El significado de estos cuatro seres vivientes ha sido objeto de mucha discusión.  Algunos sugieren que el primer ser viviente simboliza la Iglesia redimida y el último a la creación animada que se reúnen alrededor del trono en las alabanzas al Todopoderoso. Otros discuten esta postura indicando que estas criaturas son las mismas descritas por Ezequiel 1 con algunas pequeñas diferencias. La escritura raramente describe a los ángeles con alas. Aun así, definitivamente hay dos tipos de ángeles que se mencionan en la Biblia que tienen alas: querubines (Éxodo 25:20; Ezequiel 10) Éxodo 25:20 Y los querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas el propiciatorio; sus rostros el uno enfrente del otro, mirando al propiciatorio los rostros de los querubines.

y serafines que vio Isaías (Isaías 6:2). Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban.

Los querubines y serafines son dos tipos de ángeles, posiblemente las dos categorías más altas de ángeles.

Charley Spurgeon lo describe así: Los seres brillantes delante del trono adoran al Señor Jesús como DIGNO DEL EXCELSO OFICIO DE MEDIADOR. Le adoran como el único ser digno de ese oficio. Hubo silencio cuando Dios sostuvo el rollo y preguntó “¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos?” con mucha solemnidad se sentaron los veinticuatro ancianos en sus tronos. Ellos no reclamaron ninguna dignidad, pero por su silencio y por su canto subsecuente cuando Cristo pasó al frente, admitieron que sólo Él podía revelar los propósitos de Dios e interpretarlos para los hijos de los hombres. Un mediador es una persona que intercede, es decir, uno que actúa como intermediario para trabajar con las partes enfrentadas a fin de lograr una conciliación. Un mediador intenta influir en un desacuerdo entre las dos partes, con el objetivo de resolver un conflicto. Sólo hay un mediador entre la humanidad y Dios, y ese es Jesucristo. Dios tiene una disputa con nosotros a causa del pecado. Nada de lo que podamos hacer por nuestra propia cuenta sería suficiente para mediar entre nosotros y Dios. Jesús representa a aquellos que han depositado su confianza en Él, ante el trono de la gracia de Dios. Él es digno de tomar el libro en Su mano por nosotros y de asir para nosotros el inventario de nuestra herencia más allá de las estrellas. Nadie más puede entrar por nosotros en la augusta presencia del Altísimo, y tomar con Su mano los títulos de propiedad de la gracia a nombre nuestro; pero Cristo puede hacerlo y tomándolos puede abrirlos y explicarnos el asombroso propósito para con los elegidos por su gran amor.

II.                  JESUS COMO SU REDENTOR. (v.9) , y con tu sangre nos has redimido para Dios,

La redención con respecto a la cual cantan en el cielo no es una redención general. Es una redención particular. “Con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación”. Somos redimidos de entre los hombres. “Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”. “Es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen”. Hay una expiación sacrificial amplia y de largo alcance que trae innumerables bendiciones a toda la humanidad, pero mediante esa expiación se pretendía lograr un propósito divino especial que se cumplirá, y ese objetivo es la redención real de la servidumbre de sus pecados de Sus propios elegidos, siendo el precio la sangre de Jesucristo. Pablo dice que como cristianos tenemos una «nueva naturaleza, que se va renovando en conocimiento a imagen de su Creador» (Col 3: 10). A medida que obtenemos un conocimiento verdadero de Dios, de su Palabra y de su mundo, empezamos a pensar más y más los pensamientos que Dios mismo piensa. la meta para la cual Dios nos ha redimido es que podamos ser «transformados según la imagen de su Hijo» (Ro 8: 29) y ser exactamente como Cristo en nuestro carácter.

Jesús es el indicado por la adoración y alabanza de los cuatro seres vivientes. Se reconoce la dignidad del nuevo rol; y se reconoce la esperanza para la humanidad que la veremos en ese futuro del Cordero que fue inmolado. Se identifican a sí mismos, en su “nuevo cántico”: “Porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9). O sea, son seres humanos redimidos. “Nos has redimido… de todo linaje y lengua y pueblo y nación.” No son ángeles; tampoco alguna nueva creación de seres celestiales. Los linajes, lenguas, pueblos y naciones aludidos pertenecen a la tierra, y no a las regiones celestiales. La “sangre” del Cordero redime a los seres humanos en la tierra que le obedecen. Por lo tanto, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos son seres humanos redimidos. De la manera que los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos son “de todo linaje y lengua y pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9), asimismo la “gran multitud” proviene “de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas” (Apocalipsis 7:9). 9 Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos. Todos provienen de la tierra. No tienen su origen en el cielo sino, en la tierra. Se muestra el maravilloso efecto que siguió al tomar Cristo el libro. Al instante estalló en el cielo el cántico de redención; y las palabras que cantaron se transmiten a la Iglesia en la tierra. Se llama cántico nuevo, porque la obra de redención estaba recién terminada, cuando Cristo en la cruz lo declaró así y volvió a la gloria; y porque es un cántico nuevo, que sólo se puede cantar verdaderamente con corazones nuevos, cuando es renovado por el Espíritu Santo. Y se supone que Cristo, a quien esta canción se dirige personalmente, ha terminado recientemente la obra de redención y ahora ha vuelto a la gloria.

III.                EL QUE OTORGA DIGNIDADES

Brevemente, en el cielo alaban a Cristo, no meramente como mediador y como redentor, sino como EL OTORGANTE DE SUS DIGNIDADES. Ellos son reyes y reinan. Nosotros también somos reyes; pero todavía no somos conocidos o reconocidos, y con frecuencia nosotros mismos olvidamos nuestro excelso linaje. Allá arriba ellos son monarcas coronados, pero dicen: “Nos has hecho… reyes”. Son sacerdotes también, como nosotros lo somos ahora, cada uno de nosotros. Los representantes de la Iglesia y de la creación, entonces, adoran al Cordero, a través de cuyo acto redentor se puede dar gracia a los hombres de toda clase y lengua, para que puedan vencer el pecado y a Satanás, y en la libertad del servicio de Dios para reinar sobre la tierra como reyes y conquistadores sobre todas las pasiones indignas. Este cántico nuevo, cantado por los cuatro seres vivientes y los 24 ancianos, describe realmente las responsabilidades que Dios les va a dar a aquellos seres humanos que hayan sido “redimidos… para Dios” por la sangre de Cristo (Apocalipsis 5:9). Los cristianos fieles serán hechos reyes y sacerdotes en el Reino de Dios para ayudar a Jesucristo a enseñar el camino de vida de Dios. El apóstol Juan describió el papel de Jesucristo como nuestro Salvador y Rey y mostró como Él está preparándonos ahora para nuestros papeles futuros ayudándole a Él:

“Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 1:5-6; 20:4).

En los evangelios, Jesús también habló varias veces acerca de los futuros trabajos de sus seguidores. Y Jesús les dijo: De cierto os digo: que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. 29 Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Los creyentes somos reyes debido a su nacimiento real y su destino de reinar con Jesús. Ellos son sacerdotes debido a que no necesitan a otro mediador, sino a Jesús mismo. La muerte de Cristo hizo que todos los creyentes llegáramos a ser sacerdotes de Dios, los canales de bendición entre Dios y la humanidad (1Pe 2:5,9). 5.11

1 Pedro 2: 5,9 vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. 9 Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;

Los redimidos son parte del reino de Dios (cp. 1:6), una comunidad de creyentes bajo el gobierno soberano de Dios. Son también sacerdotes para Dios (cp. 20:6), lo que indica su total acceso a la presencia de Dios para la adoración y el servicio. El actual sacerdocio de los creyentes (1 Pedro 2:5, 9) prefigura ese día futuro en el que tendremos acceso total y perfecta comunión con Dios. Durante el reino milenario, los creyentes reinarán sobre la tierra con Cristo (20:6; 2 Ti. 2:12)  Apocalipsis 20:6Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre estos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.

2 Timoteo 2:12 Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará. Todos los Seres Vivientes y los Ancianos cantaban este cántico. Las huestes angelicales se sumaron a la Iglesia en la alabanza, en cánticos dirigida al Cordero con el libro. Jesucristo es alabado como el Redentor de los hombres de todo linaje, razas y edades. Quiere usted unirse a esta alabanza, le invitamos que lo haga ahora, para que forme parte de esta alabanza, aunque aquí en este momento no sepamos cantar muy bien, allí cantaremos alabanzas a Aquel que nos amó, hasta la muerte. ¡No hay mayor amor que ese! Que el Señor les bendiga.

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